Mostrando entradas con la etiqueta Mercado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mercado. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de febrero de 2017

72.- MERCADO DESTINADO A LONJA DE PESCADO (no construido) - Solar entre el Ensanche y el Recinto, cerca de las calles Santa Florentina, de la Serreta y Ronda. Cartagena


Preciosos planos existentes en el Archivo Municipal de Cartagena
redescubiertos por el investigador y cronista oficial de la ciudad,
Juan Ignacio Ferrández 
Más de uno se habrá preguntado por el magnífico edificio modernista que ilustra el fondo de este Blog. Se trata de un Mercado destinado a Lonja de Pescado en la Dársena del Puerto de Cartagena, que en septiembre de 1904 diseñaron conjuntamente, el por aquel entonces arquitecto municipal Tomás Rico, y por Víctor Beltrí, que por aquellos años acaparaba la mayoría de las obras que se proyectaban en la ciudad.

Ese año, y durante el mandato del alcalde D. Ángel Bruna, se planearon proyectos y obras de muy diversa índole, en los que la actividad artística y funcional podría englobarse dentro de una política regeneracionista.

Por aquella época no era extraño que los dos arquitectos colaboraran proyectando diversas obras públicas que firmaban ambos profesionales, aunque lamentablemente ninguna llegó a construirse, al igual que ocurrió con esta lonja, que a todas luces era una obra imprescindible para la ciudad.

El motivo hay que buscarlo en los diversos avatares políticos de la época, durante la que se sucedían, sin solución de continuidad, un alcalde tras otro lo que provocaba la paralización de los proyectos emprendidos por los regidores anteriores.

En esta ocasión, el objetivo era construir una lonja de pescado que sustituyera a la existente, dotándola de venta al por menor. A tal fin, el Ayuntamiento había adquirido el edificio de la antigua lonja en la que “solamente se efectúa la venta a martillo o subasta de pescado al por mayor”. Con este sistema de venta se alquilarían los puestos reportando el consiguiente beneficio para el erario público.



La localización elegida es “indiscutible, lo más próximo a la dársena de botes”, es decir, en el ángulo que forman la pared del cerco del correccional con la batería del Arsenal, por cuestiones de abastecimiento y logística. Tendría forma de “L”, sustituyendo la esquina por un chaflán octogonal destinado a la subasta del pescado. A uno y otro lado, las dependencias complementarias serían, una para la venta al por menor del pescado (frente al muelle de Alfonso XII) y otra al almacén de saladura (mirando al mar). Entre la sala central y estos dos cuerpos, se sitúan los retretes y la administración y vigilancia del local, a modo de unión entre ellos. Tendrían grandes huecos en sus fachadas, principal y laterales, que servirían para la iluminación y ventilación.

Los materiales usados para su construcción serían: “Fábrica de ladrillo del país, prensado y con sus parámetros al descubierto ornamentado con hormigón armado en cuyas caras exteriores apomasadas tendrá grano de mármol, armaduras compuestas de cerchas ornadas”, y las cubiertas serían: “de cinc en la sala central y de teja plana de Alicante en los otros”. El interior tendría piso de cemento y un zócalo de azulejos blancos. Las mesas de venta serían de mármol blanco.

Tendría grandes marquesinas, al igual que el Mercado de La Unión, pero sin la funcionalidad de éste último. Las puertas y ventanas dispondrían de rejas ornamentadas con palastros y zinc.

Todo el recinto estaría dotado de sifones y una alcantarilla central para absorber las aguas de limpieza, tanto del local comercial como de los retretes, cuyo desagüe estaba previsto en el puerto.

Los cuidadísimos planos realizados en tricromía negra, roja y azul, nos ayudan a comprender diversos detalles constructivos referentes a la cimentación, la sujeción de la marquesina y la estructura de hierro.

También nos muestran como sería el magnífico aspecto exterior, en una línea muy sezessionista, y en el que la rejería sería uno de los elementos decorativos más destacados del conjunto.

lunes, 10 de agosto de 2015

38.- ANTIGUO MERCADO PÚBLICO MUNICIPAL – Plaza de Joaquín Costa s/n. La Unión


Aspecto original de Mercado al poco de ser inaugurado.
Esta pasada semana se ha inaugurado la 55 edición del Festival Internacional del Cante de las Minas, en La Unión, y coincidiendo con el magnífico vídeo sobre el antiguo Mercado de Abastos, sede del Festival, que ha realizado la Fundación Integra para Región de Murcia Digital, es el momento de rendirle un justo homenaje desde este blog.

A finales del siglo XIX, como consecuencia de un auge transitorio, La Unión vive el momento de su máxima expansión demográfica. Ya para entonces es, tras Murcia, Cartagena y Lorca, el cuarto núcleo más poblado de la provincia. 






Jacinto Conesa García
[San Pedro del Pinatar, 1860-?, 1930] 
En el Ayuntamiento circulan aires de modernidad. Así el “ilustrado” gobierno local inspirado por su alcalde D. Jacinto Conesa García, había comenzado a aplicar un amplio plan de reformas con un triple objetivo: mejora de los factores de “transito, higiene y ornato” en la ciudad.

En 1899 se planeó de forma definitiva construir un nuevo Mercado, que sustituyera al antiguo que era claramente anticuado e insuficiente, dentro de un plan de mejoras urbanas elaborado por el arquitecto Pedro Cerdán Martínez (1862-1947), tras varias tentativas anteriores infructuosas.

En ese plan Cerdán expresaba la necesidad de construir un mercado de hierro y una lonja “en un emplazamiento mucho más céntrico y adecuado donde el movimiento y la actividad pueda desarrollarse holgadamente”. Ello demuestra que sobre todo había un problema de espacio en el núcleo recientemente surgido, así como un crecimiento vertiginoso de la población. Pero además había otras dificultades: debía construirse en un lugar céntrico, que además estuviera despejado.

En enero de 1900 se aprueba el proyecto de urbanización y construcción del Mercado en la zona limitada por las calles Mayor, Taller y Parras y, lo que era más importante, junto a la estación del tranvía a vapor. Cerdán también proyectó para el futuro Mercado una glorieta de 120 x 36 metros que obligó a derribar una serie de casas humildes. Junto al Mercado estaba previsto construir una lonja que por su proximidad permitiera abaratar los costes de transporte hasta éste.

Tras una gran polémica sobre su ubicación, finalmente, y por acuerdo municipal del 11 de mayo de 1901, se aprobó su construcción en los terrenos de D. Francisco Rentero según el proyecto que éste adjuntaba elaborado por Beltrí, en detrimento del de Cerdán, aunque el encargo oficial se retrasó hasta el 19 de Octubre de 1903.

Sin embargo Beltrí no dirigió la obra, tal vez por la cantidad de trabajos que tenía en Cartagena, o por la lejanía de La Unión (no debemos olvidar que en esa época los desplazamientos no tenían nada que ver con los de ahora). No obstante en los “Libros de trabajos por encargo” de la fundición “La Maquinista de Levante”, responsable de la formidable estructura metálica, aparece a finales de 1902 el encargo de Beltrí de varias columnas y pilastras destinadas con toda seguridad al mercado. Finalmente fue el propio Pedro Cerdán el encargado de su dirección respetando en gran medida el proyecto original, aunque introdujo algunos cambios.

La primera piedra se colocó en octubre de 1903 y las obras se prolongaron hasta 1907 sufriendo numerosos retrasos, siendo el más curioso el provocado por un error al tomar las medidas para la estructura de hierro en la fábrica de “La Maquinista de Levante”. Finalmente el Mercado fue inaugurado en 1908.

Este edificio es una de las joyas de la arquitectura de la provincia y uno de los mejores edificios de Beltrí, construido de acuerdo con las exigencias técnicas de los nuevos materiales, el vidrio y el hierro, en el auge de la arquitectura modernista.

El Mercado posee una planta de desarrollo longitudinal y está atravesada por una nave menor en cuyo cruce se levanta una sombrilla metálica octogonal. Los muros exteriores son de mampostería enfoscada y los paños están horadados con cinco arcos angulares de pilares de ladrillo. El edificio está rematado por formas puntiagudas que nacen de motivos vegetales, acentuando la monumentalidad de la edificación.

En el edificio se conjugan la utilización de materiales tradicionales y modernos. El hierro se empleó sobre todo en el interior, aprovechándose para cubrir amplios espacios, manteniendo la limpieza del edificio y evitando obstáculos. La formidable estructura de hierro era de la mencionada fundición “La Maquinista de Levante” que utilizó materiales procedentes del extranjero. Las columnas, con arriostramientos de cercha, son muy esbeltas y consiguen un efecto de amplitud y diafanidad asombrosas. También sorprenden las excelentes soluciones arquitectónicas adoptadas para poder aprovechar al máximo todos los rincones del edificio.

Con respecto a la cúpula o “sombrilla”, cabe destacar su tambor, confeccionado con vidrio y sustentado con una estructura metálica reticular simple pero muy original y bella a la vez. Está rematada en su punto más alto por un elemento arquitectónico realizado en mampostería y que es sin duda un capricho de formas simples con nervios que lo envuelven, y que en la actualidad se encuentra inclinado notablemente y sin la aguja metálica, al igual que los remates centrales de cada fachada, que también la han perdido.

En el exterior de la fachada sur se encuentran insertados entre los vanos, dos relieves alegóricos, enmarcados por una moldura, a cada lado de la puerta. El relieve del lado izquierdo representa el cuerno de la abundancia, adornado con racimos de uvas. El del lado derecho representa un pez volador, una gallina y un tridente de Neptuno.

Dignos de mención también son una serie de soportales, donde se colocaban antiguamente los tenderetes, cuyas cubiertas están soportadas por unas bellas estructuras metálicas con formas vegetales, plenamente modernistas. Dos torretas que poseen un cierto aire andaluz flanquean la entrada principal.

En el interior hay dos curiosas escaleras de caracol con descansillos, que servían para acceder a las oficinas de abastos y al reloj interior. Dignas de mencionar son también las ocho fuentes de piedra existentes a lo largo del cuerpo central.

Las dimensiones del Mercado son: 49,4 metros de ancho máximo, 23,5 metros de fondo desde la boca y 21,3 metros de altura máxima.



Interior de Mercado, cuando todavía funcionaba como tal.
Obsérvese la farola y el puesto central de flores.
En el centro de la plazoleta interior había una farola de piedra y hierro forjado de cuatro brazos con motivos vegetales, rematada por una bola de piedra decorada con estrellas y con una banda que la circunvala. Posteriormente fue traslada y ubicada en la explanada que hay frente a la puerta principal en la misma plaza de Joaquín Costa, de donde fue retirada hace poco tiempo. Ignoramos su paradero actual.


La farola después de su traslado al centro de la plaza
frente al Mercado. Hoy está en paradero desconocido.
El Mercado siempre tuvo una oferta superior de puestos a la demanda existente. La verdad es que no llegó a tener éxito en el pueblo. Recogemos aquí las palabras de Pedro García Valdés, que explican lo sucedido:

“Cuando éste se construyó, hubo bastante resistencia por parte de los usuarios del viejo. La gente, en general, es muy rutinaria, y le molesta y asusta cualquier innovación; y aquella, aunque atrevida, no podía estar más justificada. En vez de tierra, la cochambre, las moscas de los puestos antiguos, puestos nuevos, aseados, blancos azulejos. Todo bien dispuesto y clasificado. En el centro, puestos de flores. Las carnicerías y pescaderías, relucientes, grandes gasas protectoras contra insectos. Herramientas, cuchillas brillantes, delantales limpios. Las floristas, con sus gorros y manguitos blancos, impecables. Y en lo alto, en una plataforma a la que se accedía por una escalerilla, la banda Municipal. La Banda, uniformada, estupenda, completa, dirigida por el maestro Juan Ibáñez, amenizaba jueves y domingos las operaciones del mercado. Pues todo esto, que venía a sustituir la mugre por la higiene, viejas rutinas por nuevos métodos, a dar una nota cordial y alegre, no fue debidamente comprendido y apreciado. Lo de siempre: que había costado mucho dinero, que era una ruina... Quizá en ello influyeran las típicas rencillas políticas del pueblo. El caso es que aquello que podía haber sido ejemplar y mereció el elogio de otras ciudades, duró poco más o menos los que su creador - Don Jacinto Conesa - al frente de la Alcaldía. Las verduleras y las floristas, los carniceros y pescaderos, se apresuraron a desprenderse de manguitos, delantales, gorros y gasas, tan pronto como él desapareció. Pero había otra causa, quizás la principal, de su escaso éxito: el lugar de su emplazamiento. Otra suerte hubiese corrido si se hubiera construido, para mayor comodidad de las amas de casa en sitio más céntrico de la población”.

Cartel anunciador del 55 Festival
Internacional del Cante de las Minas
A finales de los años setenta dejó de prestar servicio como mercado convirtiéndose en 1978, coincidiendo con la XVIII edición, en la sede del Festival Nacional del Cante de las Minas que se celebra todos los veranos durante el mes de agosto. El citado Festival está considerado como la más importante muestra anual de cante flamenco que se celebra en el mundo.

Para adecuarlo a este uso, para el que inicialmente no estaba diseñado, el Antiguo Mercado (rebautizado por el Ayuntamiento como “Catedral del Cante”) ha sido sometido a diversas reformas tales como el acondicionado de la cubierta central, la sustitución del suelo original de piedra de cantera, o la instalación de alumbrado interior, aire acondicionado, paneles acústicos y un escenario, que ocultan parcialmente su estructura interior. La reforma más importante fue realizada en 1985 por el arquitecto Pedro Antonio Sanmartín Moro. Su aforo actual es de 1.400 personas.

El edificio está declarado Monumento Histórico Artístico por orden ministerial de 15 de marzo de 1975.