En este espacio se darán a conocer las principales obras Modernistas y Art-Déco existentes de la Región de Murcia, así como las que fueron destruidas, o no se llegaron nunca a construir.
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La “Compañía Anónima de Seguros «El Día»" se fundó en Cartagena en 1901, con un capital social de 10 millones de pesetas, siendo sus principales accionistas algunos de los más destacados propietarios mineros, siendo su primera sede el nº 10 de la Calle de San Francisco de esta localidad. El Presidente del Consejo de Administración era D. Camilo Aguirre Alday, y sus Directores Gerentes D. José Maestre Pérez y D. Luís Aguirre Fernández, hijo del primero. Ese mismo año la prensa local informaba de que había la mencionada compañía había "realizado la compra de la casa situada en la Plaza de San Sebastián, esquina a la de la calle de Jara, donde piensan constituir un edificio para instalar en él sus oficinas", cosa que al parecer nunca se llevó a cabo.
Antigua chapa que se solía poner en el exterior de los inmuebles asegurados por la compañía "El Día"
Pronto la compañía adquirió dimensión nacional trasladando su sede central a la Puerta del Sol de Madrid. En su época de mayor desarrollo la empresa contaba con diversas oficinas en la provincia de Murcia, así como en importantes localidades de toda España como Vigo, Gijón y Barcelona.
Anuncio de la Compañía "El Día" en la prensa cartagenera (1907)
En julio de 1906 D. Camilo Aguirre, encargó al arquitecto Víctor Beltrí la construcción de un almacén para dicha empresa en unos terrenos de su propiedad situados en el Ensanche.
Al fondo los desaparecidos almacenes de la sociedad "El Día"
El arquitecto levantó un interesante edificio de estilo modernista, que tenía el frente de la nave escalonado, con vigas de hierro en el dintel y columnas con capiteles cúbicos, similares a las que aparecen en varias de sus obras. Por dicho frente recibía el edificio toda su iluminación. El diseño de la ventana central era bastante original y suponía una superación del ojo de buey tan común de las construcciones industriales de la época.
Apenas un mes más tarde le encargó al mismo arquitecto las oficinas que este situó, tras realizar dos proyectos, a ambos lados del almacén. Beltrí realizó un edificio que guarda una similitud exacta en su decoración al contiguo edificio que fue en su día el antiguo chalet piloto de “La Compañía del Ensanche”, como ya comentamos en la anterior entrada de este Blog. Una vez más podemos constatar el respeto y la admiración profesional mutua que tenían Pedro Cerdán, autor de este último, y Beltrí.
Bonitas rejas modernistas con la palabra "DÍA"
Ignoramos la fecha y el motivo por el que la compañía de seguros "El Día" desapareció, pero por noticias aparecida en la prensa de 1919 en las que se informaba de la puesta en venta de estas oficinas de Cartagena, bien pudo ser esta la fecha coincidiendo con la crisis minera que se produjo tras la finalización de la Primera Guerra Mundial.
Como pasó con casi todas las obras que Beltrí hizo en el Ensanche, el almacén fue derribado en fecha indeterminada, aunque las oficinas de la calle Pintor Balaca aún permanecen en pie. pudiendo observarse en las bonitas rejas modernistas de las ventanas la palabra “DÍA” correspondiente a su uso original.
Las antiguas oficinas de Cartagena antes de ser rehabilitadas
Dicho edificio estuvo a punto de ser también derribado pero hace no muchos años fue rehabilitado.
Posible antigua sucursal de la sociedad de Seguros "El Día" en La Unión
Por otro lado en el número 22 de la calle Tetuán de la cercana localidad de La Unión se conserva un inmueble de planta baja con una decoración exacta a las de las oficinas de Cartagena, por lo que podemos aventurar que bien pudo tratarse de una sucursal del la sociedad "El Día" en esta localidad, proyectada casi con toda seguridad por el mismo Víctor Beltrí.
Referencias
Archivo Municipal de Cartagena: Legajo CH00511 (proyecto de Almacén), Legajo CH0051 (proyecto de Oficinas) y Legajo CH00511 Exp. 4846 (proyecto de Oficinas).
CEGARRA BELTRÍ, G. y MORALES MARTÍNEZ, S. Adelante siempre: Arquitecto Víctor Beltrí Roqueta (Tortosa, 1862-Cartagena, 1935). Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia y Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia. Murcia, 2005.
CEGARRA BELTRÍ, G. y SÁNCHEZ ESPINOSA, E. Arquitectura Modernista en la Región de Murcia. Libros Mablaz. Madrid, 2013.
Diario "El Eco de Cartagena". Cartagena. Diversos números.
Diario "El Porvenir". Cartagena. Diversos números.
Periódico "Gaceta Minera y Comercial". Cartagena. Diversos números.
Aprovechando que mi amigo Pedro Escudero me ha mandado una imagen antigua de la fachada del Círculo Militar de Cartagena, una de las obras menos conocidas del arquitecto Víctor Beltrí, pasamos a contar la historia de este edificio del que se cumplen poco más de 50 años de su lamentable desaparición.
En el año 1900 Beltrí recibió por parte de el General de Brigada D. Luís Pascual de Povil, por aquel entonces Presidente del "Círculo Militar del Ejército y la Armada", el encargo de realizar una serie de trabajos con objeto de que la citada sociedad, recientemente formada, pudiera trasladarse a un edificio de su propiedad sito en la calle Mayor.
Las obras consistieron en la variación de cuatro huecos de la fachada y en la apertura de otros nuevos. Es difícil precisar más detalles de este edificio de tres plantas, dado lo esquemático de los planos, aunque se aprecian los arcos de medio punto que remataban los huecos del entresuelo.
Primer proyecto
Un par de meses mas tarde Beltrí acomete una segunda reforma que consiste en abrir tres puertas en la planta baja, en vez de la única que existía. Así mismo en el primer piso abrió tres balcones con arcos de medio punto con molduras unidas, que en su parte inferior estaban rematados con puntas de diamante y que, por lo que parece adivinarse en la fotografía más antigua que se conoce, debían estar decorados en sus antepechos con alguna pintura o letrero de estética modernista. En la segunda y última planta, abrió tres ventanas rectangulares con guardapolvos geométricos, con una línea de imposta que corriendo por la parte superior, conectaba dichos guardapolvos.
Segundo proyecto
El edificio disponía de sala de conferencias, biblioteca, gimnasio, salón de baile y sala de esgrima. Lamentablemente no conocemos ninguna imagen de su interior que, según la "Guía de Cartagena. 1902" de los hermanos Estrada, destacaba por "su decorado modernista, que se debe al aventajado pintor D. Francisco Portela".
El Círculo celebraba, entre otras actividades, diversos bailes y fiestas. Fueron famosos sus bailes de Carnaval y del Domingo de Piñata (infantil). En invierno las mejores familias de Cartagena se reunían en sus salones para hacer música, charlar y bailar entre dos luces. En verano instalaba un espacioso y bonito pabellón en la feria, obra también de Víctor Beltrí, y que en su día ya fue objeto de una entrada en este blog: Pabellón del Círculo Militar.
El Circulo Militar desapareció en 1915 al fusionarse con el Casino de Cartagena, que estaba ubicado en la misma calle Mayor, y el edificio fue demolido en 1974.
Francisco Portela de la Llera [Puerto Real (Cádiz), 1869 – Cartagena (Murcia),1950]. Hijo de un capitán de la Marina Mercante, aunque nació en Puerto Real con trece años se instaló de forma definitiva en Cartagena, al trasladarse a vivir a esta ciudad su familia.
Realizó estudios de dibujo en esta ciudad en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. A su finalización fue nombrado profesor de la misma Sociedad. Fue auxiliar de la asignatura de Dibujo Geométrico e Industrial en la Escuela Superior de Industria de Cartagena, de la que el arquitecto Víctor Beltrí era el profesor titular. También fue profesor de dibujo de las Escuelas Graduadas. Así mismo poseía una de las dos únicas academias de iniciación a la pintura para jóvenes, que por aquellos años existían en Cartagena.
Ocupó numerosos cargos en diversas juntas directivas de instituciones y sociedades, tales como: Colegio Pericial Mercantil, Patronato antituberculoso, Asociación de la Prensa y Real Club de Regatas.
Sus pinturas alcanzaron bastante fama local, sobre todo por sus retratos y marinas. Destacó por sus pinturas de barcos de guerra, aunque también realizó obras de temática religiosa. Colaborador en revistas de ámbito local como “Don Plácido” o “Cyrano”, realizó diversas obras para las Cofradías marrajas, para la ornamentación de la Feria y para las Veladas marítimas, así como cuadros de temas marineros que sirvieron para decorar en 1922 las paredes del Casino de Cartagena dentro de unas obras de reforma que incluyeron el mobiliario.
Colaboró a menudo con el mencionado Víctor Beltrí, realizando además de las pinturas y la decoración del Círculo Militar, las del Real Club de Regatas, hoy desaparecidas.
FUENTES
Archivo Municipal de Cartagena: Legajo CH01703 Exp.2 (primer proyecto) y CH00491 (segundo proyecto).
Cegarra Beltrí, G. y Morales Martínez, S. Adelante siempre: Arquitecto Víctor Beltrí y Roqueta (Tortosa 1862 - Cartagena 1935). Colegio Oficial de Arquitectos y Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia. Murcia, 2005.
Cegarra Beltrí, G. y Sánchez Espinosa, E. Arquitectura Modernista en la Región de Murcia. Libros Mablaz. Madrid, 2013.
Estrada, M. y Estrada, N. Guía de Cartagena. 1902. El Porvenir, Cartagena, 1902.
Ferrández García, J. I. El Círculo Militar de Cartagena. Blog: Historias de Cartagena. Periódico "La Opinión" 15/5/22
El portal de acceso del antiguo Centro de Instrucción de Marinería "C.I.M.", llamada así por el uso militar que tuvo desde el año 1946, aunque realmente este portal, junto con el edificio que había al lado, se diseñaron como anexo al Penal Militar (que era el uso original del edificio).
Imagen del portal cuando todavía formaba parte del edificio
Dichos anexos fueron proyectados en 1910 por el que era por aquel entonces Arquitecto titular de Instituciones Penitenciarias, Celestino Aranguren Alonso, finalizando las obras un año más tarde.
El complejo constaba de un edificio de viviendas y almacenes, para uso del personal del Penal (después conocida como la "Farmacia de la Armada"), y el portal de acceso formaba parte del cuerpo de guardia.
Diseñada en estilo modernista sezession, lo más destacado eran las rejas de la puerta principal de acceso, que se han conservado.
Tanto el edificio, como el cuerpo de guardia, fueron derribados en 2006 dejando sólo la portada del cuerpo de guardia, gracias a la presión ejercida por diversas asociaciones defensoras del patrimonio cartagenero.
Celestino Aranguren Alonso [Madrid, 1881 - Madrid, 1921]
Estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid, finalizando sus estudios en 1881.
Fue Director General de Arquitectura de Prisiones. También fue Hermano Mayor de la “Congregación de Arquitectos de Nª Sª de Belén en su huida a Egipto”.
Entre otros edificios, proyectó diversos centros penitenciarios por toda España entre los que destacaron los de La Coruña y Cartagena, siendo tal vez su obra más importante la “Fábrica de Tabacos” de Valencia. Entre sus obras privadas destaca el edificio modernista de la c/ Alcalá, 18 en Madrid.
Falleció al intentar socorrer a las víctimas del conocido “Café Lyon d’Or”, que se alzaba en la calle Alcalá de Madrid. Al accidente tuvo lugar como consecuencia del derrumbe de un muro del teatro que se estaba levantando contiguo a dicho establecimiento.
Antigua Fábrica de Tabacos de Valencia
Una vez más agradecer a José Antonio Rodríguez JARM, por permitirme usar la fotografía que ilustra esta entrada.
Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Tal vez uno de los últimos edificios donde
intervino el arquitecto Víctor Beltrí antes de su fallecimiento, fue el llamado "Hotelito Azul" en Los
Urrutias, localidad costera del Mar Menor perteneciente al municipio de Cartagena. Le llamaban así porque todos sus
detalles: persianas, puertas, barandillas y vallas, estaban pintadas de un
color azul, que contrastaba vivamente con el blanco de las paredes.
Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Se trata de la casa del hijo del arquitecto, Guillermo Beltrí Villaseca, que construyó como lugar de
veraneo para su familia. Guillermo era aparejador y había trabajado con su padre en diferentes
obras. Según testimonio oral de uno de sus hijos, el también aparejador Guillermo
Beltrí Carreño, su padre le relató que había construido este hotelito basándose
en unos planos que el arquitecto le había dibujado poco tiempo antes de
morir. Al parecer las obras comenzaron en 1934, y finalizaron un año después.
La obra guardaba una gran semejanza con algunas
de sus últimas creaciones. Concretamente el salón circular de la planta baja es muy
parecido al mirador circular del primer piso de la "Casa de los Cachá" de
Lorca (1929), o al Club de Tenis de Cartagena (1925), y las barandillas de tubo de las terrazas superiores, ya las había utilizado en esta misma obra o en la "Casa de Teófilo Álvarez" (1932) en Cartagena. El conjunto también guarda semejanza con el proyecto que Víctor Beltrí realizó en 1933 para Carmen, otra de sus hijas.
El edificio era sumamente avanzado y moderno para
su tiempo, y causaba admiración de propios y extraños, pues estaba plenamente inmerso en la nueva corriente art-déco. Este término define un estilo
en el que el juego de los volúmenes geométricos y la sencillez de líneas juega
un papel fundamental en la nueva arquitectura, que en cierto modo regresa al
modernismo.
Tuvo dos principales ramas: el zig-zag, estilo en el que imperaban los rayos y las líneas quebradas y zigzageantes, y que fue el que empleó en Cartagena el arquitecto Lorenzo Ros, y el streamline, también llamado en español estilo aerodinámico o aerodinamismo. Este último fue una variante tardía que tuvo su apogeo en el año 1937 y su influencia se extendió hasta los años 50 del pasado siglo. Esta variante se caracterizaba por el uso de formas curvas, líneas horizontales largas y a veces elementos náuticos, como barandas y ventanas de portillo, dando como resultado edificios futuristas que a menudo recordaban a trasatlánticos.
A la izquierda la Casa Butler. A la derecha la Casa Michael Scott
Alguno de los edificios más importantes de esta corriente son
contemporáneos de esta obra. Resulta sorprendente que casas como la australiana Burnham Beeches (1933-1934) de Harry Norris, la estadounidense Casa Butler (1934-1936) de Kraetsch & Kraetsch o la irlandesa Casa Michael Scott (1937-1938) del propio Scott, consideradas obras maestras de esta corriente y coetáneas
de esta obra, presenten tanta similitud en sus formas con el "Hotelito Azul". Con esta obra Beltrí demuestra, una vez más, que estaba siempre al día incluso a pesar de su avanzada edad, pues cuando proyectó esta obra ya tenía 73 años.
Además del jugar con los volúmenes, el arquitecto jugó con el bricromismo blanco y azul que era el color predominante en las persianas y verja de madera de la terraza de la planta baja, así como en los ventanales del salón que eran en su parte
superior de tipo damero, en los que se alternaban los cristales blancos y azules, y que todavía se conservan. Por su parte el pozo de agua salada, del que apenas quedan vestigios, estaba revestido de un trencadís de vívidos coloresal que tan aficionado era Beltrí.
En el interior de la vivienda abundaban los azulejos de diferentes formas y colores, mayoritariamente con diseños geométricos.
La distribución interior era práctica y simple. En la planta baja: salón-comedor, cuarto de baño, cocina, despensa y cuarto de servicio, y en la superior, a la que se accedía desde el comedor por una escalera cuya barandilla estaba formada por tubos metálicos verticales que llegaban hasta el techo, estaban los cuatro dormitorios de la familia.
Combinación de cristales azules y blancos del mirador
Azulejos originales
Restos del pozo de trencadís
En los años cuarenta del siglo pasado Guillermo decidió sustituir las
barandillas de tubos metálicos de las terrazas superiores, ya que no resistían la corrosión marina y además
la separación que había entre los barrotes constituía un peligro para los niños. Además se construyó un tejado a cuatro aguas, ya que el original era plano y tal vez diera algún problema durante los escasos, pero a menudo torrenciales, periodos de lluvia que suelen acaecer esporádicamente en el Mar Menor.
Aspecto tras la primera reforma, en la que se sustituyeron los tubos de las terrazas superiores y se construyó un tejado a cuatro aguas (Archivo: Familia Beltri)
En la década de los sesenta, Guillermo amplió la parcela
para construir una cochera y un lavadero independientes del edificio principal, al que también se le adosaron
cuatro apartamentos para algunos de sus hijos casados, que desvirtuaron
completamente el conjunto. Así es como yo la conocí, y donde pasé los inolvidables veranos de mi infancia junto con mis hermanos y mis numerosos primos, en un por entonces salvaje e idílico Mar Menor.
Fotografía de 1984 en la que se puede observar el aspecto que tenía tras la última reforma realizada por Guillermo Beltrí, en la que añadió cuatro pequeños apartamentos, así como cochera y lavadero
En 1973, y ante la falta de espacio para todos sus hijos y nietos, Guillermo tomó la decisión de vender la propiedad, que desde entonces ha conocido varios propietarios, que con los años realizaron diversas reformas que, además de cambiarle los colores originales, le dejaron prácticamente irreconocible.
Aspecto a principios del siglo XXI. Casi irreconocible.
Aspecto reciente tras la última reforma
A continuación una breve reseña biográfica de mi abuelo Guillermo Beltrí Villaseca [Cartagena, 1901 – Murcia, 1986]
Comenzó a cursar estudios en la Escuela Superior de Industria en Cartagena, para luego pasar a la Escuela Industrial de Valencia donde completó la carrera de Aparejador, título que obtuvo en abril de 1925.
Pronto consigue el puesto de Aparejador Municipal provisional de Cartagena, desde donde colabora con los dos arquitectos municipales, Lorenzo Ros, y Víctor Beltrí Roqueta, su padre, en las obras que éste realiza desde el consistorio (“Asilo de Ancianos”, “Casa de Misericordia”, “Parque Torres”...), y también en otras de carácter particular, como la reforma del “Huerto Ruano” en Lorca.
Tras la finalización del mandato del alcalde Alfonso Torres, Guillermo que se había casado recientemente con Mª Dolores Carreño García, se traslada junto a su mujer a Totana para trabajar en las obras del Ferrocarril, hasta que en 1929 se instala en Murcia, al haber obtenido la plaza de Aparejador Municipal de esta ciudad. De esta época son, entre otras obras, el "Huerto de la Torreta", realizado en esta localidad sobre proyecto de su padre.
Desde su nuevo cargo interviene en numerosísimas obras en Murcia y sus pedanías, colaborando frecuentemente tanto con su padre, como con otros importantes arquitectos, tales como Pedro Cerdán (reforma del “Mercado de Verónicas”).
Gran experto en cálculos del hormigón, su fama se extendió dentro de la profesión por toda España. Fue muy señalada su intervención en la construcción del nuevo estadio del Real Madrid en Chamartín, así como en la del anfiteatro del “Cinema Coy” de Murcia.
También fue Jefe del Parque de Bomberos del Ayuntamiento de Murcia durante más de cuarenta años, así como fundador del Colegio Oficial de Aparejadores de Murcia, del que ostentaba el honor de ser el colegiado número 1, y del que llegó a ser su Presidente durante cuatro legislaturas, formando parte del equipo directivo durante más de 30 años. Estaba en posesión de la Cruz al Mérito Naval por su arriesgada intervención al sofocar en 1969 un terrible incendio en la refinería de petróleo de Escombreras.
Fue una gran persona, siendo muy apreciado y querido en Murcia, y también un magnífico abuelo del que guardo muy gratos recuerdos.
Anuncio del "Grand Hotel France et París", en el que se puede ver el comedor del restaurante hacía 1926 (Fuente: Web Anuncios antiguos de Cartagena. Periódico: Cartagena artística e industrial)
Este establecimiento hostelero que estaba situado al inicio de la calle Cañón, haciendo esquina a la plaza del Ayuntamiento, al parecer comenzó su actividad q mediados del siglo XIX, y hasta la inauguración del "Gran Hotel", fue el mejor establecimiento hotelero de Cartagena. Llegó a acoger a numerosos personajes famosos entre sus paredes, entre los que destacó el famoso escritor de cuentos Hans Christian Andersen en su visita a España en 1862.
El "Hotel España" en la década de los cincuenta del siglo XX
El establecimiento inicialmente se llamó la "Fonda Francesa", ya que su propietario era un francés llamado Celestino Nier. Con los años, y los sucesivos cambios de propietarios, fue modificando su nombre pasándose a llamar: "Hotel de Francia, "Grand Hotel France et París", "Hotel París", y ya en los años treinta del siglo pasado, "Hotel España", aunque para los lugareños siempre fue conocido popularmente por su primer nombre de "Fonda Francesa".
El establecimiento continuó con su actividad hotelera hasta finales de la década de los sesenta del siglo XX, en que cerró sus puertas, lo que dio lugar al posterior derribo del edificio.
Según una descripción de 1874, era "un edificio compuesto de cuatro plantas y una torreta, de las que la primera estaba dedicada a salón comedor, con despensa y bodega; las tres restantes y la torreta ofrecían el servicio de 29 habitaciones, lujosamente decoradas y provistas de mobiliario y ropa de cama de la mejor calidad."
Este restaurante fue considerado uno de los mejores y más lujosos de la ciudad, y por fotografías que han llegado hasta nuestros días, a finales de la segunda década del siglo XX era de estética y mobiliario modernista, destacando los armarios vitrina en donde se guardaban las cristalerías y vajillas, los azulejos de los arrimaderos y los suelos hidráulicos.
Interior de la Fonda Francesa tras la inundación del 29 de Septiembre de 1919 (Fotografía: José Casaú)
El restaurante sufrió importantes daños durante la inundación de 1919 en la que el agua, según se puede apreciar en una fotografía de la época, debió de alcanzar cerca de un metro de altura.
FUENTES
Ferrández, J. I. Historias de Cartagena. "El Hotel France et París". Periódico "La Opinión de Murcia" 18/7/2011
Pérez Adán, L. M. "Hans Christian Andersen en la Cartagena de 1862". Periódico "La Verdad de Murcia" 2/5/2015
Web Anuncios antiguos de Cartagena. Periódico: Cartagena artística e industrial
Se trata de unas de las primeras obras del arquitecto Víctor Beltrí en Cartagena, contemporánea de la “Casa Cervantes” o el “Palacio Aguirre”, y que probablemente se le encargara gracias al éxito que había alcanzado con la reforma del Casino de la calle Mayor. El proyecto data abril de 1898, y fue un encargo del presidente de la entidad D. Salvador Escudero.
El Casino de San Antón, también conocido durante algún tiempo como el Casino “Unión Juvenil”, fue desde su inauguración el centro social del barrio siendo célebres los bailes que en él se organizaban.
Colección José Antonio Rodríguez @jarm
Construido con piedra del Pilar de la Horadada, su estilo muestra un incipiente modernismo con molduras de clave en puertas y ventanas. La puerta principal tiene el eje remarcado por una elevación de la cornisa. Las zapatas de los aleros, colocadas de forma oblicua le dan una cierta movilidad.
El edificio, de una sola planta, consta de una primera sala-vestíbulo con columnas y vigas de hierro fundido, en la que estaban las mesas donde tenían lugar las tertulias o se jugaba a las cartas y los billares. Alrededor de un patio se sitúan otras estancias menores.
Afortunadamente, tras una época de abandono en la que llegó a estar cerrado por su estado de ruina, el Ayuntamiento de Cartagena compró el edificio en 1980 y lo cedió para la ubicación de un local social del barrio, volviendo a recuperarse como centro de ocio y actividades educativas.
Con posterioridad se abordó la ampliación del edificio en su parte trasera y se habilitaron algunas salas de usos múltiples y despachos. En el año 2008 se acometió una importante rehabilitación para su modernización y adecuación a diferentes actividades culturales. Actualmente es la sede de la Asociación de Vecinos San Antonio Abad.
Exterior de la oficina de ventas de "Gas Levante" (Fotógrafo Sáez. Extraída de la Revista "Carthago Nova")
El 23 de enero de 1861, se inauguró la Fábrica del Gas de Cartagena, ubicada en el ángulo que formaban los caminos de Santa Lucía y La Unión, fuera de las murallas de la ciudad, con objeto de que fuese fuente del alumbrado de la ciudad. Una luz que se vio afectada por la Guerra Cantonal y los bombardeos, lo que provocó que el suministro no volviera a casi toda la ciudad hasta el mes de junio de 1874.
Fábrica de "Gas Levante" (Imagen extraída de la Revista "Carthago Nova")
En mayo de 1929, "Gas Levante S.A.", que era el nombre de la empresa que por entonces explotaba esta fábrica, inauguró una tienda en la plaza de San Francisco para que los cartageneros pudieron adquirir todo tipo de aparatos que funcionaban con gas. Así se anunciaba en la revista "Carthago Nova" en 1931:
"En la Glorieta de San Francisco, número 28, tiene abierto local donde está instalada una sala de exposición, con toda clase de aparatos modernos, y con personal especializado, que demostrará prácticamente cuanto se refiere al manejo y utilidad delos mismos."
Interior de la oficina de ventas de "Gas Levante" (Imagen extraída de la Revista "Carthago Nova")
El local fue uno de los pocos que conocemos en la provincia que estuvo decorado en estilo art déco, en su variante zig-zag. Desconocemos quien fue su autor, pero por la fecha y sus características decorativas, bien pudo ser obra del arquitecto Lorenzo Ros.
Tras la Guerra Civil, concretamente en 1943, debido a problemas en la recepción de hulla necesaria para elaborar el gas, la empresa se vio obligada a reducir el servicio. Una situación que se repitió en los años cincuenta llegando en alguna ocasión a recibir ayuda por parte del Almirante del Arsenal y de la "Sociedad Peñarroya" para no tener que suspender su actividad.
Finalmente en 1965, el Ministerio de Industria autorizó a "Gas Levante S.A." al cierre de su fábrica poniendo fin a más de cien años de historia. El complejo industrial se derribó en 1981, y en el mismo lugar se construyó la estación de autobuses que fue inaugurada en el mes de mayo de 1995.
Fuentes
Revista "Cartago Nova" 1/3/1931. Archivo
Ferrández, Juan Ignacio. Periódico "La Opinión". La Fábrica del Gas. 28/1/2018.
Entrada principal de Villa Calamari, antes de su saqueo y expolio
Año tras año, la prensa local sigue publicando noticias sobre nuevos incendios en la emblemática "Villa Calamari", también conocida como "Palacete Versalles" o "Villa de los Celdranes".
El primer propietario del terreno en donde se ubica esta mansión de las afuera de Cartagena, fue el empresario minero luxemburgués Guillermo Ehlers y Meyer, experto botánico que creó un parque en el que cultivó y aclimató nuevas especies de plantas traídas de ultramar.
Fue su segundo propietario, el italianoCamilo Calamari Rossi, quien hacia 1900 encargó al arquitecto Víctor Beltrí la construcción de una casa en uno de los parajes más bellos de Cartagena.
La villa de estilo ecléctico, con elementos modernistas, era de planta cuadrada con dos pisos y semisótano y tenía un segundo bloque anexo de una sola planta y semisótano. El cuerpo cuadrado tenía en dos frentes un cuerpo de mirador. La fachada principal consta de un pórtico con arcos rebajados y de medio punto que descansan sobre columnas toscanas. Sobre el pórtico había una amplia galería con cierres de madera, hoy prácticamente destruida.
Los materiales utilizados eran de mármol para el zócalo y pórtico y, para el resto de los muros, ladrillo rojizo y piedra artificial. En el interior se conservaban algunas habitaciones decoradas con pinturas de flores y pájaros.
Las dos entradas al edificio, la principal del pórtico y la lateral del otro bloque, marcaban como dos zonas de la vivienda: una más solemne, y otra de diario. El ala lateral, estructurada en torno a un pasillo central, englobaba las habitaciones de uso más cotidiano. El bloque principal tenía un vestíbulo alargado que formaba una "L" con el pasillo anexo.
En la convergencia de los dos se levantaba la escalera con una barandilla de diseño ligeramente modernista, hoy desaparecida al haber sido salvajemente arrancada, y con decoración de temas pompeyanos. La iluminación se realizaba a través de una vidriera de temática floral modernista, situada en el muro frontal, también hoy completamente destruida.
Papeles pintados de una de las habitaciones, hoy destruidos por un incendio
Una de las vidrieras de la escalera, hoy completamente destruida
Frescos pompeyanos de la escalera, hoy completamente expoliada
Galería de madera, hoy prácticamente destruida
En el jardín el arquitecto realizó una ordenación de rincones y fuentes con piedras rústicas. También levantó unos interesantes palomares rústicos, muy del estilo de las construcciones del “Parque Güell” en Barcelona.
Los jardines en su época de esplendor
Preciosa fuente modernista, hoy inexistente
Palomares gaudinianos
Tras Calamari, la casa pasó a ser propiedad del industrial Pérez Milá, y en la postguerra fue adquirida por el también propietario minero Ángel Conesa Celdrán, quien restauró el jardín, que se encontraba en perfecto estado de conservación cuando F. J. Pérez Rojas publicó su libro. Por aquel entonces albergaba la colección Celdrán, que reunía interesantes piezas de pintura y cerámica del siglo XIX.
Este propietario, a su vez, restauró el palacete según proyecto del arquitecto Pedro Antonio San Martín Moro, dotándolo de un templete o mirador, de estilo clásico, sobre el propio edificio. Tras la muerte de Celdrán, los herederos vendieron la finca, la cual fue adquirida en 1997 por un conocido grupo inmobiliario.
El “Palacete de Versalles”, nombre por el que se conoce popularmente a la “Villa Calamarí”, fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, por Decreto 69/2012 de 18 de mayo, a instancias de las asociaciones conservacionistas de la ciudad. Desde entonces, en lugar de estar mejor conservado y protegido, la finca fue escenario de innumerables incendios intencionados que afectaron al sótano del palacete, y arrasaron prácticamente todo el jardín destruyendo todo el arbolado singular que quedaba en la finca.
En el año 2000 se habían dictado una serie de ordenes por la Dirección General de Cultura, que instaban a los propietarios del edificio, a reparar el vallado de la finca para evitar el acceso de expoliadores, tapiar los muros del edificio, limpiar la casa interiormente de cristales, para evitar el deterioro del suelo de madera, cerrar las puertas y ventanas para evitar el paso al interior, retirar todas las ramas secas abandonadas en el entorno del palacio, limpiar de maleza, regar y mantener el arbolado, podar las palmeras y pinos, custodiar las piezas de la fuente de plomo para su posterior restauración, cerrar el lavadero y mantener la vigilancia de una forma permanente, pero los propietarios poco hicieron para cumplir estas ordenanzas, y su saqueo y expolio continuaron. En 2005 sufrió un nuevo incendio que afectó a unos cien metros del techo de la primera planta, que se acabó desplomando.
Actualmente el edificio es una auténtica ruina, a pesar de las infructuosas denuncias realizadas por vecinos, y asociaciones como la Comisión Beltrí 2012. Para colmo, se ha puesto de moda como lugar "paranormal" y "misterioso", lo que ha terminado de darle la puntilla.
La barbarie más absoluta, gracias a la desidia de propietarios y autoridades, han acabado con lo poco que quedaba de "Villa Calamari" (Imágenes de Finca Versalles de Cartagena en flickr)
En el año 2014 fue incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, del patrimonio de España en riesgo de desaparición, y allí sigue, siendo firme candidata a engrosar pronto la Lista Negra.
Hoy en día ya no queda casi nada en pie, y mucho nos tememos que muy pronto será derribado. Estos videos son un buen reflejo de la realidad de "Villa Calamari".
D. Camilo Calamari Rossi, fue un italiano que se instaló en fecha indeterminada en Cartagena, siendo de 1894 las primeras noticias suyas que aparecen en la prensa local.
Casado con Javiera Bosh, hija de Francisco Bosch Montaner, consignatario de la Compañía Trasatlántica, fue: Presidente del Sindicato Minero de Cartagena; miembro electo de la Cámara de Comercio; propietario de las minas de "La Parreta", en Alumbres, y "Lolita" y "Lucrecia", en Cartagena; Cónsul de Italia en Cartagena; y director de la factoría de la "Sociedad Franco-Española de Explosivos y Productos Químicos" de Alumbres, inaugurada el 23 de diciembre de 1895.
Fotografía: Archivo Pedro Escudero
El origen de esta empresa fue la fábrica de "Explosivos de Garrabino", que surgió a partir de que el Ayuntamiento de Cartagena autorizara en marzo de 1890 a Miguel Zapata y Ricardo W. Barrington a instalar su fábrica de ruborita en el Coto Garrabino, en la Diputación de Alumbres.
A finales de 1893 estos mismos empresarios informaban de haber traspasado la propiedad a Eugenio Juan Barbier, que se convirtió en su presidente, y que al parecer había descubierto una forma más barata para fabricar la ruborita. Barbier sustituyó las carísimas cámaras de plomo y condensadores de platino, por pequeños depósitos de arcilla refractaria.
Directivos y jefes de Garrabino en las escalinatas de Villa Calamarí 1919. Es probable que entre ellos se encontrara en propio Camilo Calamari. (Foto: Concepción Raja Álvarez, extraída del Blog Historias de Alumbres)
Quisiera dar las gracias a Loli de Prada, José Antonio Rodríguez, ctpatrimonio, Pedro Escudero, Finca Versalles de Cartagena, Concepción Raja, a Cartagena TV y Toni Gálvez, por las fotografías y los videos que ilustran esta entrada. Así mismo a la Comisión Beltrí 2012 y a todos los que desde hace muchos años han luchado infructuosamente por intentar salvar esta joya.