Mostrando entradas con la etiqueta orientalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta orientalismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2015

35.- PANTEÓN DE LA FAMILIA DEL GENERAL ÁZNAR - Cementerio Municipal Nª Sª del Carmen. Totana



El cementerio de Nuestra Señora del Carmen en Totana es uno de los más interesantes de la Región por la calidad de los panteones que alberga.

Entre ellos llama especialmente la atención uno que, más que un panteón, parece una construcción militar levantada en un estilo difícil de definir, mezcla entre modernista y oriental. La puerta y ventanas latearles de la fachada principal están enmarcadas con arcos de herradura que cobijan en su interior unos originales arcos intradosados en forma trilobulada, que se curvan sinuosamente en los externos con cierto cariz modernista. Los vanos de las ventanas se cierran con una celosía reticular que forma rectángulos, con esquinas escalonadas. En su interior existe un bello retablo en altorrelieve, de factura modernista. Se desconoce quien fue su autor, pero bien pudiera haber sido el arquitecto Víctor Beltrí. 

Dicho panteón es propiedad de la familia del que fuera el general Ángel Aznar y Butigieg [Totana?, 1847 – Madrid, 1924], tal como figura en un anacrónico cartelón que situado sobre el arco central, que parece haber sido colocado años después de la construcción del panteón.  

Ángel Aznar era miembro de una distinguida familia cartagenera, y aunque en diversos documentos figura como natural de Cartagena, lugar en donde fue bautizado, parece ser que realmente nació en Totana.

Con quince años recién cumplidos ingresa en el Ejército. En la Tercera Guerra Carlista (1874), se bate heroicamente recibiendo una herida que pone en gran peligro su vida.

Los hechos de armas van marcando su carrera y así, tiene una participación decisiva cuando consigue sofocar el movimiento sedicioso del Cuartel de San Gil de Madrid.

En el ejército alcanzó los grados de Brigadier (1887), General de División (1895) y Teniente General (1907). Gozaba de grandes simpatías en todos los ambientes. Su amistad con el Rey Alfonso XII era de una firmeza inquebrantable.

Ostentó numerosos cargos públicos tales como: Vicepresidente de la Comisión de Táctica del Ministerio de la Guerra; Director de la Escuela Superior del Ejército; Gobernador Militar de Cartagena; Capitán General de Madrid, Valencia y La Coruña; Director de la Guardia Civil; Ayudante de Campo de S. M. el Rey Alfonso XII; Jefe del Cuarto Militar del Rey; General del Cuerpo de Inválidos; Capitán General de Alabarderos. Así mismo, fue Diputado a Cortes por Cartagena en los años: 1893, 1896, 1898, 1899, 1901, 1903 y 1905; Senador Vitalicio (1910-1924), y Ministro de la Guerra durante el Gobierno de Canalejas en 1910.

Además, estaba en posesión de las siguientes condecoraciones: Gran Cruz de San Hermenegildo; Gran Cruz Blanca del Mérito Militar; dos Cruces Rojas del Mérito Militar; Medalla de Bilbao; Medalla de la Guerra Civil y Medalla de Alfonso XII. En 1910 fue nombrado “Hijo predilecto de Cartagena”, dándole su nombre a la calle Jara.

A pesar de su gran actividad pública, tuvo también tiempo de publicar diversas obras escritas de carácter científico y militar.

Mas información sobre su biografía se puede encontrar en 

Como siempre, cualquier información que nos pueda aclarar quién fue el autor de su panteón será bienvenida.

Quisiera dar las gracias a María José Lario Romero por ayudarme en la descripción estilística del panteón.

miércoles, 14 de enero de 2015

25.- PALACIO DE DON FABIO O PALACETE DE FUENTE LA HIGUERA - La Copa - Bullas



Esta vez traemos uno de los edificios más amenazados que existen en la Región de Murcia, ubicado en La Copa de Bullas.

Paso a contar la historia sobre su origen, tal y como aparece en diversas páginas web:

"El original propietario del palacete fue Don Fabio Carreño Marsilla (1901-1978), que se casó con Doña Irene Marín de Cuenca natural de Cehegín. Don Fabio descendía por parte de madre, Doña Juana, de la misma familia que Francisco Melgares de Aguilar, quien compró la finca de la Fuente de la Higuera en La Copa de Bullas (Murcia), en 1614, a Joaquín María Fernández de Córdoba, Conde de Sástago. Originalmente y en ese año existía ya un edificio solariego en el mismo sitio en el que se encuentra el actual palacete.
Don Fabio era un erudito en lo respectivo al arte y ese antiguo edificio siempre le provocó especial atención, por lo que, cuando muere su padre en el 1920 y hereda la casa, se dedica a recorrer España captando elementos arquitectónicos para reconstruir el edificio. A su vuelta, Don Fabio le entregó todos los apuntes a un arquitecto amigo suyo, del cual se desconoce su nombre ya que el proyecto se empezó antes de la apertura del Colegio de Arquitectos de Murcia, y por lo tanto no está registrado.
En 1925 se terminó la reconstrucción. Se cuidaron todos los detalles, desde cristales de Bohemia, porcelanas de Sajonia, maderas nobles y mármoles de Carrara, hasta la comodidad más avanzada de la época, instalando cuartos de aseo con retrete, calefacción central y un sistema de aislamiento térmico en las paredes. Otro aspecto bastante peculiar era también los formalismos exigidos al servicio tanto en formas como vestimentas, propios del siglo XV. Con esto Don Fabio quería recrear un pequeño paraíso, así que hizo instalar numerosas fuentes, lagos artificiales y jardines frondosos y verdes con cierto aire tropical, queriendo cautivar no solo la vista sino también el olfato y el oído. Además, Don Fabio hizo traer numerosos animales para hacer más creíble ese oasis dentro de la aridez de la tierra murciana.
Contrariamente a lo que creen muchos lugareños, la casa no fue un regalo de Don Fabio para su esposa por la boda sino un sitio para disfrutar de su independencia juvenil, pues cuando la heredo solo tenía 19 años. Después de la boda, la casa se convirtió en residencia de verano, aunque se utilizaba muy poco tiempo al año debido a las disputas entre Don Fabio y su mujer Doña Irene propios de un matrimonio de conveniencia. El servicio, sin embargo, se mantenía todo el año, dándole trabajo a los vecinos de Bullas y La Copa.
En el 1936 al desatarse la Guerra Civil española y con ella el odio a la clase aristocrática por su abuso de poder la familia Carreño tiene que huir de Bullas junto con muchas otras familias adineradas, y la casa queda totalmente desprotegida sirviendo de morada al Frente Popular y a otros grupos políticos durante los años de la guerra y posguerra. Debido a la pobreza y el analfabetismo de la época, no se apreció el valor del palacete y se descuidó el cuidado de este edificio. Las fincas lindantes fueron ocupadas por numerosos vecinos de Bullas y La Copa cuando la única forma de sobrevivir era alimentándose de los propios cultivos. Cuando la familia Carreño regresó a Bullas entre finales de los 40 y principios de los 50, no tenía ni ganas ni dinero para arreglar la casa de verano.
El matrimonio tuvo siete hijos y una hija, Rosario que fue quien heredó el palacete y las fincas de alrededor. La hija vendió la casa y las fincas que todavía conservaba a una multinacional sueca que durante algunos años recientes alimentó la esperanza de los lugareños de la restauración de la casa y la construcción de viviendas de lujo y un campo de golf. Pero en la actualidad no se sabe nada del proyecto sueco y se desconoce a qué manos pertenece actualmente. A causa del abandono del palacete recientemente se ha expoliado el palacio desde los cuadros y esculturas alegóricas hasta las coloridas vidrieras."
Me permito reproducir algunas fotografías del interior tomada de dichas páginas web, que ilustran el estado de deterioro en el que se encontraba cuando yo lo visité por primera vez.




El palacio fue construido inicialmente en un estilo historicista ecléctico, pero en la remodelación encargada por Fabio Carreño, realizada entre 1922 y 1925, se introdujeron diversos elementos modernistastanto en su exterior (como los bajorrelieves que adornan la puerta de acceso realizados por el gran escultor Anastasio Martínez, según comunicación oral de su bisnieta María Luisa Martínez León), como en su interior neonazarí, en el que destacaba la barandilla de la escalera, hoy inexistente por el salvaje expolio al que ha sido sometido durante muchos años, que han hecho desaparecer todos los apliques, puertas, ventanas, la mencionada escalera principal y las figuras de los torreones, que eran una alegoría a las estaciones del año. De hecho hoy en día es uno de los inmuebles más amenazados de la Región de Murcia, y como tal figura desde 2014 en la Lista Roja del Patrimonio más amenazado en España.
Bajorrelieve de la entrada del Palacio de D. Fabio,
Probable obra del escultor Anastasio Martínez
El autor de la reforma modernista, bien pudo ser el arquitecto Víctor Beltrí, pues el interior neoárabe y la mencionada escalera, guardan una similitud asombrosa con la Casa Zapata de Cartagena, una de sus mejores obras.

Escalera del Palacio de D. Fabio (Bullas)
Escalera de la Casa Zapata (Cartagena)
Detalle de la barandilla de la escalera de la Casa Zapata (Cartagena).
Obsérvese que el dibujo es idéntico a la del Palacete de D. Fabio (Bullas)

Interior neoárabe del Palacio de D. Fabio (Bullas)
Patio neoárabe de la Casa Zapata (Cartagena)
Hace unos años aparecieron noticias en la prensa que anunciaban la rehabilitación del edificio por parte del Ayuntamiento, que acometió diversas obras urgentes, cubriendo las dos torres con un tejado metálico, así como tapiando todas las ventanas y puertas para evitar la entrada de personas ajenas al edificio y evitar posibles nuevos hurtos. 
En este video tomado por un dron, se puede observar su lamentable estado.

Desde entonces no he sabido nada más, y cuando lo visité la última vez todo seguía igual. Agradeceríamos mucho que alguien de Bullas nos puede dar información más actualizada sobre su estado y su futuro.

Algunos enlaces en donde se pueden ver más imágenes del interior:

martes, 20 de mayo de 2014

14.- EDIFICIO NEOISLÁMICO – Dirección desconocida. Cartagena



Fotografía: "Laboratorios Abellán" (Archivo Guillermo Cegarra)

Cuando uno cree que ya no hay nada nuevo que investigar, y que todo lo interesante que se construyó entre finales del siglo XIX y principios del XIX está más que descubierto, siempre aparece, normalmente en alguna fotografía antigua, algo nuevo que te perturba y te hace cuestionar todo, y preguntarte cuantas maravillas destruidas en las décadas de los sesenta y setenta ´del pasado siglo se habrán perdido para siempre de nuestra memoria colectiva.

Si en la entrada anterior de este blog aparecía un exótico y desconocido chalet, en esta es un edificio, también exótico, el que se asoma desde el pasado reclamando su pequeño hueco en la historia cartagenera.

En un viejo álbum de fotografías de Cartagena, descubrí esta pequeña imagen firmada por los "Laboratorios Abellán" de esta ciudad, que nos dejó perplejos por dos motivos. En primer lugar, porque no teníamos ninguna constancia de su existencia, y en segundo, por su localización, pues ninguno de los expertos investigadores cartageneros han sido capaces de ubicarla en rincón alguno de la ciudad. Tal vez pudo estar en algún lugar del desaparecido Barrio de Pescadores (donde hoy se encuentra el Teatro Romano), o en la también desaparecida Plaza de la Aurora, en El Molinete. Otra posibilidad es que estuviera en la pequeña Plaza del Par, junto a la Calle Real, donde hoy en día ya no queda ningún edificio antiguo. Probablemente nunca lo sabremos.

El edificio tenía tres plantas, rematadas por una terraza con rejería que se adivina modernista, y estaba articulado en tres ejes con la entrada en la parte central, y su diseño era sumamente singular. Llama especialmente la atención la fachada de estilo neoárabe, totalmente horadada por grandes vanos en forma de arco de herradura de reducida luz que, aunque no podemos apreciarlo con claridad, bien podrían corresponder a un pórtico de entrada en la planta baja, y sendas galerías en primer y segundo piso. 

Los vanos estaban separados por molduras continuas, posiblemente columnas, que marcan la verticalidad de la fachada, que a su vez es contrarrestada por los antepechos, frisos y molduras horizontales. Esta marcada división de espacios imprime fuerza y presencia al edificio. 

Los arcos, con rosca de ladrillo, se apoyan en columnillas, posiblemente nazaríes. Los alfices y antepechos parecen decorados profusamente con trencadís y azulejos, lo que nos remite inmediatamente al arquitecto Víctor Beltrí en su época más orientalista, que pudo diseñarlo probablemente durante la segunda década del siglo pasado.

Como siempre, cualquier aportación que nos arroje luz sobre este edificio 
 

lunes, 5 de mayo de 2014

12.- QUIOSCO DE "LA VERDAD" - Plaza de la Cruz. Murcia


Fotografía de la mañana del día en que se saqueó el quiosco

El desaparecido quiosco del diario "La Verdad" estaba ubicado en la Plaza de la Cruz de la capital murciana, frente a la catedral. Fue inaugurado el 28 de junio de 1924, apenas un año después de que fuese aprobada su construcción el 8 de junio de 1923. 

Diseñado por el prestigioso arquitecto Rafael Castillo Saiz para la venta de “prensa católica”, su estilo es una mezcla extraña entre el art-déco y el orientalismo de las mil y una noches. Se trataba de una construcción de planta cuadrada y forma cúbica, elevada sobre una plataforma, y rematada por un gran cornisamento de aleros sobresalientes. En el centro de las fachadas se situaban las grandes ventanas-mostrador, y en cada esquina un llamativo pilar adosado. Según observamos en las fotografías que se han conservado, toda la decoración, incluidas las embocaduras de los vanos, siguen los cánones geométricos propios del art-déco.

Sobre el primer cuerpo se superpone otra estructura cúbica, de menor tamaño, coronada por un chapitel cónico, y sobre éste, una barra vertical con tres bolas, a modo de yamur. En las esquinas, coincidiendo con las pilastras del cuerpo inferior, sobresalen cuatro bovedillas esquifadas. 

La decoración del segundo cuerpo debió llamar la atención del público por su originalidad. Entendemos que el emplazamiento del quiosco, junto a la catedral, requería un tratamiento especial, que estuviese a la altura del monumento. De hecho, la presa local  describía el edificio como “kiosco en forma de pagoda”, en posible referencia a la imagen exótica del conjunto, y a ciertos elementos poco usuales en la arquitectura local urbana, como el yamur, o los remates del chapitel y los cupulines que nos recuerdan la arquitectura islámica de la India. 

Por otro lado, la integración del quiosco en el entorno de la plaza y su ubicación, casi adosado a la torre de la catedral, también debieron condicionar en gran parte su diseño. Si observamos ambos edificios, podemos apreciar que la estructura del quiosco bien pudo ser concebida como una vaga imagen, o reflejo, del perfil de los cuerpos superiores de la torre, destacando los cuatro templetes, o conjuratorios, y el cuerpo cúbico del campanario. 

El quiosco fue saqueado en mayo de 1931, sólo siete años después de ser inaugurado. Este hecho causó un enfrentamiento entre el diario y el Ayuntamiento de Murcia, organismo al que se solicitó sin éxito licencia para reparar los destrozos. Ante la negativa municipal de conceder la licencia, “La Verdad” intentó arrendar el quiosco a un jardinero, que pensaba utilizarlo como exposición de flores. Pero cuando el futuro inquilino solicitó la licencia, también le fue denegada. 

El 19 de marzo de 1932, durante la reunión del Concejo, se leyó el informe de un inspector de Sanidad municipal, que certificó el lamentable estado del quiosco y lo calificó como “foco de infección y peligro para la Sanidad pública”. Se ordenó la retirada inmediata de los restos y fue demolido.

En este artículo de Antonio Botías, se explica con detalle cuando y porqué fue destruido:

"El kiosco donde no crecieron flores"
El saqueo del célebre kiosco de 'La Verdad' enfrentó en 1931 al diario con el Ayuntamiento 
14.12.08 - ANTONIO BOTÍAS


"De la prensa del día, que le daba el nombre, a libros de texto para el Bachiller y revistas ilustradas; de tinta holandesa a papel higiénico, o informes sobre colegios y residencias; de tarjetas de invitación a recordatorios de bodas, rosarios, estampas de santos y velas, refrescos... y cuanto usted pudiera imaginar, servido a domicilio y pagadero en cómodos plazos. Así era el afamado kiosko de La Verdad, auténtico precursor de las posteriores tiendas de Todo a 100 y uno de los principales iconos de la ciudad de Murcia.

Durante años, el kiosco con forma de pagoda, cuyo excepcional emplazamiento era la plaza de la Cruz, al pie de la torre de la Catedral, sirvió como punto de encuentro de la sociedad murciana, desde los potentados que regían el destino de la ciudad hasta los labradores que se acercaban desde los pueblos para nutrir sus despensas. Auténtico altavoz de la prensa diaria, protagonizaría un curioso episodio que hoy ya nadie recuerda.

Fue el 11 de mayo de 1931. Apenas había pasado un mes desde la proclamación de la II República. Murcia era la octava ciudad del país, con 158.724 habitantes, superada por Bilbao, Zaragoza, Málaga, Sevilla, Valencia, Madrid y Barcelona. La República, legalmente instaurada, intentaba abrirse camino en un país en crisis. El paro azuzaba revueltas sociales que, en el caso de España, tendrían como objeto la Iglesia, sus instituciones y medios de comunicación afines.

El periódico nunca se significó ni asoció con ningún partido político aunque no por ello logró evitar diversos ataques a lo largo de su historia. En este contexto se produjo el saqueo del kiosco, asaltado por un grupo de violentos durante la madrugada, al que se sumaron, ya amanecido el día, no pocos murcianos que, en pocos minutos, arramblaron con cuanto había a su paso.

Un alcalde en desgracia

A tal extremo llegó el expolio que, durante las semanas siguientes, decenas de murcianos fueron devolviendo artículos que supuestamente cayeron en sus manos, en unos casos «por error», y en otros porque «me lo he encontrado en la calle».

La Alcaldía emitiría una nota al día siguiente donde condenaba los hechos y advertía de que «actos semejantes, lejos de beneficiar a la República, habrán de provocar por parte de sus enemigos una reacción desfavorable para los ideales de Libertad y Justicia que el nuevo régimen encarna».

El saqueo del kiosco, de entrada, causó un enfrentamiento entre el diario y el Ayuntamiento de Murcia, organismo al que se solicitó sin éxito licencia para reparar los destrozos. Sin embargo, esta petición se realizó en junio de 1932, un año después del asalto. Según el periódico, «no se hizo antes, porque se esperó prudentemente a que se aquietaran las pasiones desbordadas». Entretanto, las ventanas fueron tapiadas. Ante la negativa municipal de conceder la licencia, La Verdad intentó arrendar el kiosco a un jardinero, que pensaba utilizarlo como exposición de flores. Pero cuando el futuro inquilino solicitó la licencia, también le fue denegada.

En aquel año era alcalde de Murcia José Moreno Galvache, republicano convencido y farmacéutico. Curiosamente, el primer edil sería declarado en 1936 «enemigo de la República» por testificar en un juicio a favor de los militares que impidieron la entrada en Murcia de la llamada Columna de Hierro, formada por anarquistas, entre otros. Exiliado primero en Tánger, Moreno Galvache moriría en México, donde regentaba una farmacia.

El 19 de marzo de 1932, durante la reunión del Concejo, se leyó el informe de un inspector de Sanidad municipal, que certificó el lamentable estado del kiosco y lo calificó como «foco de infección y peligro para la Sanidad pública». Se ordenó la retirada inmediata de los restos.

En la sesión también se leyó el recurso presentado por La Verdad contra el derribo. No fue tomado en cuenta. Desde entonces, muchos cuestionarán el informe sanitario que el diario describirá como «una patraña».

Aquella sesión, donde también se aprobó el presupuesto municipal -no alcanzaba los cinco millones de las antiguas pesetas- acabó a las cuatro de la mañana. Apenas tres horas más tarde, los operarios comenzaban el derribo. Un día después, el semanario satírico Don Crispín anunciaba que el kiosco «ha caído a impulso de la piqueta municipal» y añadía, de forma burlona, que «el Alcalde ha solucionado el problema de los parados», en referencia a las informaciones del periódico sobre el crecimiento del desempleo. Pero a pesar de los ataques, La Verdad sería el único diario murciano que resistiría la entonces próxima Guerra Civil."

Rafael Castillo Saiz [Murcia, ? - Murcia, 1950] fue uno de los arquitectos más reputados de Murcia en el periodo de entreguerras. Entre sus obras más destacadas podemos mencionar: la restauración y reforma de la fachada del Santuario de la Fuensanta, dotándola de nuevas torres y campanarios, la restauración y reforma integral del Convento de la Merced (actual Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia) para los H.H. Maristas, y la construcción del nuevo colegio de los H.H. Maristas en el Malecón.

Su estilo es una mezcla entre el academicismo y las corrientes neobarrocas historicistas que tienen su mejor plasmación en la fachada que diseñó para Convento de la Merced.

Ocupó los cargos de: arquitecto jefe del Registro Fiscal, arquitecto jefe del Catastro Urbano Arquitecto provincial para Murcia del Banco de Ahorro y Construcción. Así mismo fue presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País.


Quisiera dar las gracias a todos aquellos que a lo largo de los años nos proporcionaron informaciones sobre este curioso quiosco, y muy especialmente a Juan Carlos Muñoz, Vaico y Mª José Lario.

FUENTES
  • Botías, A. "El kiosco donde no crecieron flores". Diario "La Verdad" 14/12/2008
  • Diario "La Verdad" 1/07/1924


sábado, 26 de abril de 2014

11.- COCHERAS PARA MIGUEL ZAPATA SÁEZ Y PEDRO MARIN - c/ Pintor Balaca - c/ Santiago Ramón y Cajal - Avda. Reina Victoria Eugenia - Alameda de San Antón. Barrio del Ensanche - Cartagena


Fotografía anónima (Colección privada José Antonio Rodríguez JARM)

En 1905 el arquitecto Víctor Beltrí, que se encontraba en lo mejor de su etapa modernista, diseñó una interesantísima cochera para Miguel Zapata Sáez, el famoso Tío Lobo, que estaba representado por su yerno, el político José Maestre. Posteriormente pasó a ser propiedad de Bibiano Alcaraz y en el se instalaban las ballestas marcas "BALCAR". 

Estaba ubicada entre las calles Pintor Balaca, Santiago Ramón y Cajal, la Avda. Reina Victoria Eugenia y la Alameda de San Antón, en el por entonces nuevo Ensanche de Cartagena.

Hasta que publicamos esta imagen anónima en el libro Arquitectura Modernista en la Región de Murcia, procedente de la colección particular de José Antonio Rodríguez (JARM), sólo se conocía una fotografía que había publicado hacía bastantes años en su libro Francisco Javier Pérez Rojas, en la que no se permitía apreciar la dimensión y grandeza de la obra.

De estilo modernista difícil de encasillar, recuerda a otras obras industriales que se realizaron por esa época en Cataluña. En la construcción destacan ciertos elementos islámicos, tan del gusto del arquitecto, destacando el gran arco de herradura de la portada, decorado con un llamativo dovelaje bícromo de piedra y ladrillo de inspiración cordobesa, y los cuatro contrafuertes decorados en consonancia con el arco
Imagen en color publicada en la página Cartagena “Pero que bonita eres” de Facebook

Las novedades que hoy publicamos son una imagen en color publicada en Facebook y una nueva fotografía que descubrimos en el Archivo fotográfico de la Región de Murcia (CEHIFORM), cuyo autor fue el gran fotógrafo Antonio Abellán, y en la que se puede apreciar, además del lateral de la mencionada cochera de Miguel Zapata, otra a su lado que también proyectó Beltrí muchos años después, concretamente en 1927, para la "Empresa Tarrio Cia.", representada por el constructor Pedro Marín Sánchez, para “alojamiento de los automóviles de Alicante a Torrevieja”

Lamentablemente la calidad de la fotografía no es muy buena, apreciándose diversas roturas y deficiencias en el cliché original.


Fotógrafo Antonio Abellán (CEHIFORM)

Por aquellos años el modernismo había pasado de moda y los arquitectos proyectaban obras usando diversos y variados estilos. Uno de ellos fue el llamado novecentismo, que es el que el Víctor Beltrí empleó en esta cochera, que también tenía detalles decorativos propios del modernismo sezession.
Frontal de la cochera de la "Empresa Tarrio Cia" (Imagen extraída de libro de F.J. Pérez Rojas Cartagena 1874-1936 (Transformación urbana y arquitectura)


Reproducción del plano original proporcionada por Juan Ignacio Ferrández (Archivo de Cartagena)

Por desgracia ambos edificios fueron destruidos a principios de la década de los ochenta, como casi todo lo antiguo que había en el Ensanche. 

¡Que gran pérdida para la ciudad y el patrimonio de la Región!

FUENTES
  • Archivo fotográfico de José Antonio Rodríguez (JARM)
  • Archivo fotográfico de la Región de Murcia (CEHIFORM)
  • Archivo Municipal de Cartagena. Legajos CH00511 y CH01836 Exp 3
  • CEGARRA BELTRÍ, G. y MORALES MARTÍNEZ, S. Adelante siempre: Arquitecto Víctor Beltrí Roqueta (Tortosa, 1862-Cartagena, 1935). Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia y Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia. Murcia, 2005
  • CEGARRA BELTRÍ, G. y SÁNCHEZ ESPINOSA, E. Arquitectura Modernista en la Región de Murcia. Libros Mablaz. Madrid, 2013
  • PÉREZ ROJAS, F. J. Cartagena 1874-1936 (Transformación urbana y arquitectura). Editora Regional de Murcia. Murcia, 1986

jueves, 17 de abril de 2014

10.- PALACIO DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL - C/ Fuensanta 4. Murcia


Este interesante y curioso edificio de estilo neoegipcio, en el que se adivinan ciertos toques modernistas sezessionistas, fue construido en fecha indeterminada, para que fuese sede de la Diputación Provincial de Murcia.

Tampoco se sabe nada con certeza sobre su autor. Sólo Francisco Javier Pérez Rojas menciona la posible autoría de Justo Millán por sus detalles neoegipcios y el uso que, según él, este arquitecto de dicho estilo, cosa que nos ha llamado la atención ya que no conocemos ninguna obra suya realizada en dicho estilo, que sin embargo cultivaban con bastante frecuencia y acierto otros arquitectos como Víctor Beltrí.


Magnífico montaje realizado por José María Linares, en el
que se puede ubicar perfectamente la localización del edificio 

Fotografía aparecida en el libro de José Antonio Conesa Serrano
“Cien años de presencia Marista en Murcia” (pág. 132)
(Fotografía original del Archivo Fotográfico de López) 

A continuación transcribimos dos fragmentos del libro de José Antonio Conesa Serrano “La Facultad de Derecho, antiguo Colegio Marista "La Merced" entre 1927 y 1935”, en la que se describe la historia del inmueble entre 1933 y 1935.

"En 1933, en la calle de La Fuensanta n° 3 se instaló la Academia Saavedra Fajardo a cuyo frente figuraba D. Aurelio Linaje (H. Aurelio Víctor) y la reacción derechista de 1934 hizo que se traspasase al Colegio de "La Merced". Esta casa y la del n° 4 de la misma calle, que fue alquilada, se destinaron fundamentalmente a los alumnos externos de Primaria y constituyeron, dependiendo del Colegio "La Merced", la expansión necesaria que se proyectaba desde años atrás y que preveía destinar el colegio principal en especial a internado y Segunda Enseñanza." 

"El edificio del n° 4 tenía fachada a la calle pública por levante, mediodía y poniente y a otro predio de la misma finca por el norte; por estas circunstancias estaba ampliamente bañado por el aire y la luz reuniendo excelentes condiciones higiénicas. La entrada principal se ubicaba en la calle de La Fuensanta teniendo otra por la calle de San Antonio n° 1. Constaba de planta baja y dos pisos; en la planta baja se encontraban la entrada, recibidor, dirección, secretaría, tres aulas, museo, laboratorio , gabinete y dos patios de recreo de unos 12 x 23 metros cada uno, destinados a juegos y ejercicios de educación física; en el primer piso había cinco aulas y el salón de actos y en el segundo, seis aulas. El edificio amplio y de considerables dimensiones había sido anteriormente Diputación Provincial y tras la Guerra Civil, cuando fue dejado por los maristas, se convertiría en Hospital de la Cruz Roja."

Durante la Guerra Civil fue transformado en Escuela Nacional Graduada, retornando a los Hermanos Maristas en 1940. Durante ese periodo el director fue el escritor D. Rafael García Velasco. 

Los Maristas lo abandonaron ese mismo año, ya que el alquiler era muy elevado (12.000 pesetas de la época), y además había sido solicitado por Cruz Roja Española que lo mantuvo en uso como sanatorio, probablemente hasta 1966. El edificio fue destruido en fecha indeterminada.

Durante años se pensó que era la antigua Casa de Asensio Pinar, pero era un error motivado por el hecho de que los dos edificios fueron sedes de la Cruz Roja en la ciudad de Murcia.

Esta entrada fue rectificada completamente tras los hallazgos y aportaciones realizadas por José María Linares Planes, al que quiero agradecerle públicamente su magnífica aportación.

FUENTES
  • Conesa Serrano, J. A. “Cien años de presencia Marista en Murcia”
  • Conesa Serrano, J. A. “La Facultad de Derecho, antiguo Colegio Marista "La Merced" entre 1927 y 1935”. Revista Murgetana nº 102
  • Pérez Rojas, F. J. "Historia de la Región Murciana" Tomo VIII. Arquitectura y Urbanismo. Pag. 215.
  • VV. AA. Diario "La Verdad". Número extraordinario del 1/1/1930

sábado, 29 de marzo de 2014

9.- PANTEÓN DE LA FAMILIA JIMÉNEZ MOLINA - Cementerio Municipal. Jumilla



Si en la entrada anterior de este Blog parecía que estábamos en Egipto, esta semana pasamos al mundo islámico, ¡en un cementerio murciano!

Si bien los motivos egipcios se han usado a lo largo de los tiempos para construcciones funerarias, por su relación con sus cultos del más allá y con la vida después de la muerte, e incluso con la pertenencia de sus propietarios a la masonería, es sin embargo mucho más extraño e infrecuente encontrar motivos islámicos en un camposanto cristiano. 

Uno de los ejemplos más singulares es este panteón ubicado en el interesante cementerio de Jumilla. Quizás el aspecto más sugerente de esta obra es la combinación de elementos neoislámicos y trencadís cerámico. 

Los vanos se abren mediante arcos de herradura de ladrillo, enmarcados en alfiz y el azulejo troceado se emplea para revestir las albanegas, destacando la puerta de acceso, donde se aprecian, sobre la clave del arco, unos símbolos arábigos en los que se adivinan las letras “J. M.”, las iniciales de los apellidos de la familia propietaria: Jiménez Molina. 

También el autor recurrió al trencadís en el friso que recorre el edificio bajo la cornisa, en la roseta situada en el centro del hastial, y en las ventanas laterales de la nave sobre las que, usando la misma técnica, se puede observar el lema en árabe “No hay más dios que Alá” lo que no deja de ser sorprendente al estar en un cementerio católico. 
Lateral del panteón en el que se puede observar el lema en árabe “No hay más dios que Alá” 
Desconocemos la fecha de su construcción. En cuanto al autor, probablemente fuera el Maestro de Obras Agustín Palencia Jiménez que también realizó el interior de la Casa Miracle, en la misma localidad de Jumilla, así como el panteón de la familia Maestre Mayor en la localidad alicantina de Monóvar. Ambas obras incluyen en sus programas decorativos, elemento neoárabes y composiciones de trencadís muy similares a este panteón de Jumilla. 


Panteón de la familia Maestre Mayor (Monóvar)


lunes, 17 de febrero de 2014

5 y 117.- CASA DE FERNANDO DELMAS O CASA MORUNA - C/ Meijones, 11 - C/ Botalón. La Aparecida - Cartagena



Fotografías que muestran el aspecto original de la vivienda al poco de ser construida.
(Fondo Casaú)
Esta vivienda, conocida también hasta ahora como la “Casa Moruna”, o la “Finca Pérez Espejo”, fue construida hacia 1927 en el entonces extrarradio de la población de La Aparecida, para D. Fernando Delmas Giner [Vinarós, 1871 – Cartagena, 1944]. 

Retrato de D. Fernando Delmas
Este Intendente Mercantil se había trasladado a Cartagena desde su residencia en Cataluña, al ser contratado por la empresa fabricante de muebles curvados “ALEJANDRO DELGADO Y CIA.”, llegando a ser socio de dicha empresa poco tiempo más tarde. En 1918, tras la muerte del titular principal de la empresa, D. Alejandro Delgado de la Guardia, se liquidó la citada mercantil y se constituyó una nueva empresa llamada “FERNANDO DELMÁS Y CÍA.”.

Entre los posteriores propietarios de la vivienda figuraron, el cónsul de Suecia en Cartagena D. Augusto Siljestrom, empresario dedicado al comercio marítimo, y D. Diego Pérez Espejo, conocido médico y político cartagenero, con cuyo nombre se identifica también a la vivienda. El inmueble también fue ocupado por el sindicato anarquista CNT durante la Guerra Civil.

Imagen en la que se puede observar el interior original.
Los personajes que figuran en la puerta pensamos que son D. Augusto Siljestrom y su hijo.
(Fotografía: Fondo José Casaú)

El edificio muestra una tipología habitual en viviendas del campo de Cartagena y Murcia, caracterizadas por su volumen cuadrangular de un solo cuerpo, al que se superpone una torre central. 

En su origen la torre estaba cubierta por una magnífica cúpula semiesférica con decoración modernista de trencadís, rematada con un elemento muy similar al yamur de las mezquitas. La mencionada cúpula ya no existe puesto que se derrumbó de forma estrepitosa, afortunadamente sin causar víctimas, al poco tiempo de su construcción, concretamente el 9 de noviembre de 1927, bien porque fuera mal construida, o porque sufriera algún tipo de daño como consecuencia del intenso seísmo acaecido el 24 de octubre de ese mismo año, con epicentro en Totana, apenas quince días antes de su derrumbe. Lamentablemente la cúpula no fue reconstruida, siendo reemplazada por la cubierta actual de teja árabe a cuarto aguas, que le quita al edificio toda la gracia que tenía inicialmente.

Aspecto actual tras la última remodelación.
Las fachadas del edificio se abren con vanos en forma de arco de herradura que corresponden a la puerta central y a los grandes ventanales laterales. Los arcos se enmarcan con alfiz, y se apoyan en sencillas columnas con capitales cilíndricos. En las albanegas se dispone una colorida decoración a base de trencadís de piezas cerámicas, similar al de la cúpula original. Las molduras que enmarcan el alfiz se decoran con tres listones finos en relieve, que nos recuerdan algunos detalles del modernismo vienés sezession

Sobre los arcos hay un friso con decoración cerámica que recorre todo el perímetro del edificio, y sobre éste, una cornisa, hoy sustituida por tejadillo. La planta baja se remata con una barandilla que cierra la terraza superior. Los vanos de la torre, dos en cada fachada, repiten el repertorio decorativo de los de la planta inferior.

Esta combinación de estilo neoislámico con azulejería, que también hemos observado en otros edificios de la Región, como en el Casino del Balneario de Fortuna, nos lleva a atribuir la autoría del edificio al arquitecto Víctor Beltrí Roqueta, de quien tenemos constancia que proyectó en mayo de ese mismo año una casa en la misma diputación de La Aparecida, en una dirección no especificada en el proyecto. 

El edificio sufrió un lamentable estado de abandono durante unos años, llegando a darse situaciones de deterioro irreversible en las que se destruyeron gran parte de los elementos cerámicos, especialmente en el interior, donde se perdió un zócalo de azulejos de Triana con reflejos metálicos que revestía el patio central. 

En 2009, con el afán de recobrar el esplendor original del exterior, fueron restaurados todos los elementos originales de la fachada, y se fabricaron otros similares con moldes. Algunos elementos cerámicos desaparecidos fueron reemplazados por otros de diferente diseño, como hemos podido observar en el friso, en los alfices de los arcos de la torre y en los pilares de las balaustradas. 

Actualmente el edificio ha sido acondicionado para su uso como centro cultural.

Quisiera dar las gracias a Pedro Escudero por hacerme participe de su descubrimiento sobre el propietario de esta vivienda, y a María José Lario por la descripción de los elementos neoislámicos del edificio y por su fotografía. 

Fuentes
  • Diario “El Porvenir” 10/11/1927.
  • MONTES BERNÁRDEZ, R. “Los terremotos que vivió la Región entre 1800 y 1930”. Periódico “La Opinión de Murcia”, 15/5/2011.
  • SÁNCHEZ CONESA, J. “La Casa Moruna de La Aparecida”. Periódico “La Verdad”, 17/7/2019.