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sábado, 7 de febrero de 2026

177.- OFICINAS Y ALMACENES DE LA "SOCIEDAD ANÓNIMA DE SEGUROS EL DÍA" - c/ Pintor Balaca - Alameda de San Antón (antiguas c/ 3 y c/ 19), Barrio del Ensanche – Cartagena



La “Compañía Anónima de Seguros «El Día»" se fundó en Cartagena en 1901, con un capital social de 10 millones de pesetas, siendo sus principales accionistas algunos de los más destacados propietarios mineros, siendo su primera sede el nº 10 de la Calle de San Francisco de esta localidad. El Presidente del Consejo de Administración era D. Camilo Aguirre Alday, y sus Directores Gerentes D. José Maestre Pérez y D. Luís Aguirre Fernández, hijo del primero. Ese mismo año la prensa local informaba de que había la mencionada compañía había "realizado la compra de la casa situada en la Plaza de San Sebastián, esquina a la de la calle de Jara, donde piensan constituir un edificio para instalar en él sus oficinas", cosa que al parecer nunca se llevó a cabo.

Antigua chapa que se solía poner en el exterior de los inmuebles asegurados por la compañía "El Día"
Pronto la compañía adquirió dimensión nacional trasladando su sede central a la Puerta del Sol de Madrid. En su época de mayor desarrollo la empresa contaba con diversas oficinas en la provincia de Murcia, así como en importantes localidades de toda España como Vigo, Gijón y Barcelona.
Anuncio de la Compañía "El Día" en la prensa cartagenera (1907)
En julio de 1906 D. Camilo Aguirre, encargó al arquitecto Víctor Beltrí la construcción de un almacén para dicha empresa en unos terrenos de su propiedad situados en el Ensanche. 

Al fondo los desaparecidos almacenes de la sociedad "El Día"
El arquitecto levantó un interesante edificio de estilo modernista, que tenía el frente de la nave escalonado, con vigas de hierro en el dintel y columnas con capiteles cúbicos, similares a las que aparecen en varias de sus obras. Por dicho frente recibía el edificio toda su iluminación. El diseño de la ventana central era bastante original y suponía una superación del ojo de buey tan común de las construcciones industriales de la época. 

Apenas un mes más tarde le encargó al mismo arquitecto las oficinas que este situó, tras realizar dos proyectos, a ambos lados del almacén. Beltrí realizó un edificio que guarda una similitud exacta en su decoración al contiguo edificio que fue en su día el antiguo chalet piloto de “La Compañía del Ensanche”, como ya comentamos en la anterior entrada de este Blog. Una vez más podemos constatar el respeto y la admiración profesional mutua que tenían Pedro Cerdán, autor de este último, y Beltrí.

Bonitas rejas modernistas con la palabra "DÍA"
Ignoramos la fecha y el motivo por el que la compañía de seguros "El Día" desapareció, pero por noticias aparecida en la prensa de 1919 en las que se informaba de la puesta en venta de estas oficinas de Cartagena, bien pudo ser esta la fecha coincidiendo con la crisis minera que se produjo tras la finalización de la Primera Guerra Mundial.

Como pasó con casi todas las obras que Beltrí hizo en el Ensanche, el almacén fue derribado en fecha indeterminada, aunque las oficinas de la calle Pintor Balaca aún permanecen en pie. pudiendo observarse en las bonitas rejas modernistas de las ventanas la palabra “DÍA” correspondiente a su uso original. 

Las antiguas oficinas de Cartagena antes de ser rehabilitadas

Dicho edificio estuvo a punto de ser también derribado pero hace no muchos años fue rehabilitado.

Posible antigua sucursal de la sociedad de Seguros "El Día" en La Unión

Por otro lado en el número 22 de la calle Tetuán de la cercana localidad de La Unión se conserva un inmueble de planta baja con una decoración exacta a las de las oficinas de Cartagena, por lo que podemos aventurar que bien pudo tratarse de una sucursal del la sociedad "El Día" en esta localidad, proyectada casi con toda seguridad por el mismo Víctor Beltrí.

 

Referencias 

  • Archivo Municipal de Cartagena: Legajo CH00511 (proyecto de Almacén), Legajo CH0051 (proyecto de Oficinas) y Legajo CH00511 Exp. 4846 (proyecto de Oficinas).
  • CEGARRA BELTRÍ, G. y MORALES MARTÍNEZ, S. Adelante siempre: Arquitecto Víctor Beltrí Roqueta (Tortosa, 1862-Cartagena, 1935). Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia y Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia. Murcia, 2005.
  • CEGARRA BELTRÍ, G. y SÁNCHEZ ESPINOSA, E. Arquitectura Modernista en la Región de Murcia. Libros Mablaz. Madrid, 2013.
  • Diario "El Eco de Cartagena". Cartagena. Diversos números.
  • Diario "El Porvenir". Cartagena. Diversos números.
  • Periódico "Gaceta Minera y Comercial". Cartagena. Diversos números.




jueves, 13 de marzo de 2025

173.- HOTELITO AZUL - Primera línea de playa. Los Urrutias - Cartagena.

Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Tal vez uno de los últimos edificios donde intervino el arquitecto Víctor Beltrí antes de su fallecimiento, fue el llamado "
Hotelito Azul" en Los Urrutias, localidad costera del Mar Menor perteneciente al municipio de Cartagena. Le llamaban así porque todos sus detalles: persianas, puertas, barandillas y vallas, estaban pintadas de un color azul, que contrastaba vivamente con el blanco de las paredes.
Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Se trata de la casa del hijo del arquitecto, Guillermo Beltrí Villaseca, que construyó como lugar de veraneo para su familia. Guillermo era aparejador y había trabajado con su padre en diferentes obras. Según testimonio oral de uno de sus hijos, el también aparejador Guillermo Beltrí Carreño, su padre le relató que había construido este hotelito basándose en unos planos que el arquitecto le había dibujado poco tiempo antes de morir. Al parecer las obras comenzaron en 1934, y finalizaron un año después.

La obra guardaba una gran semejanza con algunas de sus últimas creaciones. Concretamente el salón circular de la planta baja es muy parecido al mirador circular del primer piso de la "Casa de los Cachá" de Lorca (1929), o al Club de Tenis de Cartagena (1925), y las barandillas de tubo de las terrazas superiores, ya las había utilizado en esta misma obra o en la "Casa de Teófilo Álvarez" (1932) en Cartagena. El conjunto también guarda semejanza con el proyecto que Víctor Beltrí realizó en 1933 para Carmen, otra de sus hijas.

El edificio era sumamente avanzado y moderno para su tiempo, y causaba admiración de propios y extraños, pues estaba plenamente inmerso en la nueva corriente art-déco. Este término define un estilo en el que el juego de los volúmenes geométricos y la sencillez de líneas juega un papel fundamental en la nueva arquitectura, que en cierto modo regresa al modernismo. 

Tuvo dos principales ramas: el zig-zag, estilo en el que imperaban los rayos y las líneas quebradas y zigzageantes, y que fue el que empleó en Cartagena el arquitecto Lorenzo Ros, y el streamlinetambién llamado en español estilo aerodinámico o aerodinamismo. Este último fue una variante tardía que tuvo su apogeo en el año 1937 y su influencia se extendió hasta los años 50 del pasado siglo. Esta variante se caracterizaba por el uso de formas curvas, líneas horizontales largas y a veces elementos náuticos, como barandas y ventanas de portillo, dando como resultado edificios futuristas que a menudo recordaban a trasatlánticos.

A la izquierda la Casa Butler. A la derecha la Casa Michael Scott
Alguno de los edificios más importantes de esta corriente son contemporáneos de esta obra. Resulta sorprendente que casas como la australiana Burnham Beeches (1933-1934) de Harry Norris, la estadounidense Casa Butler (1934-1936) de Kraetsch & Kraetsch o la irlandesa Casa Michael Scott (1937-1938) del propio Scott, consideradas obras maestras de esta corriente y coetáneas de esta obra, presenten tanta similitud en sus formas con el "Hotelito Azul". Con esta obra Beltrí demuestra, una vez más, que estaba siempre al día incluso a pesar de su avanzada edad, pues cuando proyectó esta obra ya tenía 73 años.

Además del jugar con los volúmenes, el arquitecto jugó con el bricromismo blanco y azul que era el color predominante en las persianas y verja de madera de la terraza de la planta baja, así como en los ventanales del salón que eran en su parte superior de tipo damero, en los que se alternaban los cristales blancos y azules, y que todavía se conservan. Por su parte el pozo de agua salada, del que apenas quedan vestigios, estaba revestido de un trencadís de vívidos colores al que tan aficionado era Beltrí. En el interior de la vivienda abundaban los azulejos de diferentes formas y colores, mayoritariamente con diseños geométricos. 

La distribución interior era práctica y simple. En la planta baja: salón-comedor, cuarto de baño, cocina, despensa y cuarto de servicio, y en la superior, a la que se accedía desde el comedor por una escalera cuya barandilla estaba formada por tubos metálicos verticales que llegaban hasta el techo, estaban los cuatro dormitorios de la familia.

Combinación de cristales azules y blancos del mirador
Azulejos originales

Restos del pozo de trencadís
En los años cuarenta del siglo pasado Guillermo decidió sustituir las barandillas de tubos metálicos de las terrazas superiores, ya que no resistían la corrosión marina y además la separación que había entre los barrotes constituía un peligro para los niños. Además se construyó un tejado a cuatro aguas, ya que el original era plano y tal vez diera algún problema durante los escasos, pero a menudo torrenciales, periodos de lluvia que suelen acaecer esporádicamente en el Mar Menor.

Aspecto tras la primera reforma, en la que se sustituyeron los tubos de las terrazas superiores y se construyó un tejado a cuatro aguas (Archivo: Familia Beltri)
En la década de los sesenta, Guillermo amplió la parcela para construir una cochera y un lavadero independientes del edificio principal, al que también se le adosaron cuatro apartamentos para algunos de sus hijos casados, que desvirtuaron completamente el conjunto. Así es como yo la conocí, y donde pasé los inolvidables veranos de mi infancia junto con mis hermanos y mis numerosos primos, en un por entonces salvaje e idílico Mar Menor.

Fotografía de 1984 en la que se puede observar el aspecto que tenía tras la última reforma realizada por Guillermo Beltrí, en la que añadió cuatro pequeños apartamentos, así como cochera y lavadero
En 1973, y ante la falta de espacio para todos sus hijos y nietos, Guillermo tomó la decisión de vender la propiedad, que desde entonces ha conocido varios propietarios, que con los años realizaron diversas reformas que, además de cambiarle los colores originales, le dejaron prácticamente irreconocible.

Aspecto a principios del siglo XXI. Casi irreconocible.
Aspecto reciente tras la última reforma
A continuación una breve reseña biográfica de mi abuelo Guillermo Beltrí Villaseca [Cartagena, 1901 – Murcia, 1986]

Comenzó a cursar estudios en la Escuela Superior de Industria en Cartagena, para luego pasar a la Escuela Industrial de Valencia donde completó la carrera de Aparejador, título que obtuvo en abril de 1925.

Pronto consigue el puesto de Aparejador Municipal provisional de Cartagena, desde donde colabora con los dos arquitectos municipales, Lorenzo Ros, y Víctor Beltrí Roqueta, su padre, en las obras que éste realiza desde el consistorio (“Asilo de Ancianos”, “Casa de Misericordia”, “Parque Torres”...), y también en otras de carácter particular, como la reforma del “Huerto Ruano” en Lorca.

Tras la finalización del mandato del alcalde Alfonso Torres, Guillermo que se había casado recientemente con Mª Dolores Carreño García, se traslada junto a su mujer a Totana para trabajar en las obras del Ferrocarril, hasta que en 1929 se instala en Murcia, al haber obtenido la plaza de Aparejador Municipal de esta ciudad. De esta época son, entre otras obras, el "Huerto de la Torreta", realizado en esta localidad sobre proyecto de su padre.

Desde su nuevo cargo interviene en numerosísimas obras en Murcia y sus pedanías, colaborando frecuentemente tanto con su padre, como con otros importantes arquitectos, tales como Pedro Cerdán (reforma del “Mercado de Verónicas”). 

Gran experto en cálculos del hormigón, su fama se extendió dentro de la profesión por toda España. Fue muy señalada su intervención en la construcción del nuevo estadio del Real Madrid en Chamartín, así como en la del anfiteatro del “Cinema Coy” de Murcia.

También fue Jefe del Parque de Bomberos del Ayuntamiento de Murcia durante más de cuarenta años, así como fundador del Colegio Oficial de Aparejadores de Murcia, del que ostentaba el honor de ser el colegiado número 1, y del que llegó a ser su Presidente durante cuatro legislaturas, formando parte del equipo directivo durante más de 30 años. Estaba en posesión de la Cruz al Mérito Naval por su arriesgada intervención al sofocar en 1969 un terrible incendio en la refinería de petróleo de Escombreras. 

Fue una gran persona, siendo muy apreciado y querido en Murcia, y también un magnífico abuelo del que guardo muy gratos recuerdos. 











domingo, 1 de septiembre de 2024

168.- VILLA CALAMARI - Carretera de San Félix. San Félix- Cartagena

Entrada principal de Villa Calamari, antes de su saqueo y expolio
Año tras año, la prensa local sigue publicando noticias sobre nuevos incendios en la emblemática "Villa Calamari", también conocida como "Palacete Versalles" o "Villa de los Celdranes".

El primer propietario del terreno en donde se ubica esta mansión de las afuera de Cartagena, fue el empresario minero luxemburgués Guillermo Ehlers y Meyer, experto botánico que creó un parque en el que cultivó y aclimató nuevas especies de plantas traídas de ultramar. 

Fue su segundo propietario, el italiano Camilo Calamari Rossi, quien hacia 1900 encargó al arquitecto Víctor Beltrí la construcción de una casa en uno de los parajes más bellos de Cartagena. 

La villa de estilo ecléctico, con elementos modernistas, era de planta cuadrada con dos pisos y semisótano y tenía un segundo bloque anexo de una sola planta y semisótano. El cuerpo cuadrado tenía en dos frentes un cuerpo de mirador. La fachada principal consta de un pórtico con arcos rebajados y de medio punto que descansan sobre columnas toscanas. Sobre el pórtico había una amplia galería con cierres de madera, hoy prácticamente destruida. 




Los materiales utilizados eran de mármol para el zócalo y pórtico y, para el resto de los muros, ladrillo rojizo y piedra artificial. En el interior se conservaban algunas habitaciones decoradas con pinturas de flores y pájaros. 

Las dos entradas al edificio, la principal del pórtico y la lateral del otro bloque, marcaban como dos zonas de la vivienda: una más solemne, y otra de diario. El ala lateral, estructurada en torno a un pasillo central, englobaba las habitaciones de uso más cotidiano. El bloque principal tenía un vestíbulo alargado que formaba una "L" con el pasillo anexo. 

En la convergencia de los dos se levantaba la escalera con una barandilla de diseño ligeramente modernista, hoy desaparecida al haber sido salvajemente arrancada, y con decoración de temas pompeyanos. La iluminación se realizaba a través de una vidriera de temática floral modernista, situada en el muro frontal, también hoy completamente destruida. 

Papeles pintados de una de las habitaciones, hoy destruidos por un incendio
Una de las vidrieras de la escalera, hoy completamente destruida

Frescos pompeyanos de la escalera, hoy completamente expoliada

Galería de madera, hoy prácticamente destruida

En el jardín el arquitecto realizó una ordenación de rincones y fuentes con piedras rústicas. También levantó unos interesantes palomares rústicos, muy del estilo de las construcciones del “Parque Güell” en Barcelona. 

Los jardines en su época de esplendor

Preciosa fuente modernista, hoy  inexistente

Palomares gaudinianos
Tras Calamari, la casa pasó a ser propiedad del industrial Pérez Milá, y en la postguerra fue adquirida por el también propietario minero Ángel Conesa Celdrán, quien restauró el jardín, que se encontraba en perfecto estado de conservación cuando F. J. Pérez Rojas publicó su libro. Por aquel entonces albergaba la colección Celdrán, que reunía interesantes piezas de pintura y cerámica del siglo XIX. 

Este propietario, a su vez, restauró el palacete según proyecto del arquitecto Pedro Antonio San Martín Moro, dotándolo de un templete o mirador, de estilo clásico, sobre el propio edificio. Tras la muerte de Celdrán, los herederos vendieron la finca, la cual fue adquirida en 1997 por un conocido grupo inmobiliario.

El “Palacete de Versalles”, nombre por el que se conoce popularmente a la “Villa Calamarí”, fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, por Decreto 69/2012 de 18 de mayo, a instancias de las asociaciones conservacionistas de la ciudad. Desde entonces, en lugar de estar mejor conservado y protegido, la finca fue escenario de innumerables incendios intencionados que afectaron al sótano del palacete, y arrasaron prácticamente todo el jardín destruyendo todo el arbolado singular que quedaba en la finca. 

En el año 2000 se habían dictado una serie de ordenes por la Dirección General de Cultura, que instaban a los propietarios del edificio, a reparar el vallado de la finca para evitar el acceso de expoliadores, tapiar los muros del edificio, limpiar la casa interiormente de cristales, para evitar el deterioro del suelo de madera, cerrar las puertas y ventanas para evitar el paso al interior, retirar todas las ramas secas abandonadas en el entorno del palacio, limpiar de maleza, regar y mantener el arbolado, podar las palmeras y pinos, custodiar las piezas de la fuente de plomo para su posterior restauración, cerrar el lavadero y mantener la vigilancia de una forma permanente, pero los propietarios poco hicieron para cumplir estas ordenanzas, y su saqueo y expolio continuaron. En 2005 sufrió un nuevo incendio que afectó a unos cien metros del techo de la primera planta, que se acabó desplomando.

Actualmente el edificio es una auténtica ruina, a pesar de las infructuosas denuncias realizadas por vecinos, y asociaciones como la Comisión Beltrí 2012. Para colmo, se ha puesto de moda como lugar "paranormal" y "misterioso", lo que ha terminado de darle la puntilla.





La barbarie más absoluta, gracias a la desidia de propietarios y autoridades, han acabado con lo poco que quedaba de "Villa Calamari"
(Imágenes de Finca Versalles de Cartagena en flickr)

En el año 2014 fue incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, del patrimonio de España en riesgo de desaparición, y allí sigue, siendo firme candidata a engrosar pronto la Lista Negra. 

Hoy en día ya no queda casi nada en pie, y mucho nos tememos que muy pronto será derribado. Estos videos son un buen reflejo de la realidad de "Villa Calamari".





D. Camilo Calamari Rossi, fue un italiano que se instaló en fecha indeterminada en Cartagena, siendo de 1894 las primeras noticias suyas que aparecen en la prensa local. 

Casado con Javiera Bosh, hija de Francisco Bosch Montaner, consignatario de la Compañía Trasatlántica, fue: Presidente del Sindicato Minero de Cartagena; miembro electo de la Cámara de Comercio; propietario de las minas de "La Parreta", en Alumbres, y "Lolita" y "Lucrecia", en Cartagena; Cónsul de Italia en Cartagena; y director de la factoría de la "Sociedad Franco-Española de Explosivos y Productos Químicos" de Alumbres, inaugurada el 23 de diciembre de 1895.

Fotografía: Archivo Pedro Escudero
El origen de esta empresa fue la fábrica de "Explosivos de Garrabino", que surgió a partir de que el Ayuntamiento de Cartagena autorizara en marzo de 1890 a Miguel Zapata y Ricardo W. Barrington a instalar su fábrica de ruborita en el Coto Garrabino, en la Diputación de Alumbres. 

A finales de 1893 estos mismos empresarios informaban de haber traspasado la propiedad a Eugenio Juan Barbier, que se convirtió en su presidente, y que al parecer había descubierto una forma más barata para fabricar la ruborita. Barbier sustituyó las carísimas cámaras de plomo y condensadores de platino, por pequeños depósitos de arcilla refractaria.  

Directivos y jefes de Garrabino en las escalinatas de Villa Calamarí 1919. Es probable que entre ellos se encontrara en propio Camilo Calamari. 
(Foto: Concepción Raja Álvarez, extraída del Blog Historias de Alumbres)

Quisiera dar las gracias a Loli de Prada, José Antonio Rodríguez, ctpatrimonio, Pedro Escudero, Finca Versalles de Cartagena, Concepción Raja, a Cartagena TV y Toni Gálvez, por las fotografías y los videos que ilustran esta entrada. Así mismo a la Comisión Beltrí 2012 y a todos los que desde hace muchos años han luchado infructuosamente por intentar salvar esta joya.

FUENTES

sábado, 2 de diciembre de 2023

160.- CASA MATÍAS MARTÍNEZ-LOZANO - Plaza de la Libertad, 1 (antiguo 6). Lorquí

Hace poco tiempo recibimos la excelente noticia de la adquisición por parte del Excmo. Ayuntamiento de Lorquí, de la que fuese vivienda de la familia del industrial conservero y alcalde de la ciudad, D. Matías Martínez-Lozano Carbonell (1880-1974) y su esposa Dª Paula Martínez, sin lugar a duda el edificio civil más importante e interesante del casco urbano histórico de esta localidad de la Vega Media del Segura. 

Gracias a esta iniciativa queda garantizada la supervivencia del inmueble, tras la imprescindible remodelación y restauración a la que debe someterse, y al que con toda probabilidad el municipio dará un uso cultural.

El edificio se encuentra ubicado en el sitio más céntrico de la ciudad, junto a la Iglesia de Santiago Apóstol, y aunque exteriormente es de un diseño bastante sencillo, en su interior existe un extraordinario despliegue de azulejos, tanto enteros, como en forma de trencadís que, junto con los suelos hidráulicos, el vestíbulo, la escalera, y una interesante decoración interior art déco, hacen de él una pieza única en la Región de Murcia.


Estas son las dos únicas imágenes antiguas que se conocen en las que puede observarse la Casa de Matías Martínez-Lozano con su aspecto original tras su reforma
Por su estilo y las investigaciones realizadas, al parecer se trata de un edificio de finales del siglo XIX que fue restaurado y modernizado hacia 1929 por el matrimonio Martínez-Lozano Martínez, como regalo para dos de sus hijos varones. Se sabe que pocos años más tarde estos hijos se mudaron a la calle Alfaro de Murcia, y es entonces cuando el matrimonio se traslada a esta vivienda, residiendo en ella hasta su muerte en 1974, momento en que la casa se cierra y desde entonces ha permanecido deshabitada hasta nuestros días. El tiempo y las humedades, aparte de alguna visita de personas amantes de lo ajeno, han hecho mella en el edificio, de forma que, por ejemplo, ya no quede nada de valor material en el interior del edificio, y que las dos escaleras de acceso al piso superior estén prácticamente inutilizadas.

A finales de la década de los veinte los estilos arquitectónicos estaban redefiniéndose, y esta reforma es una buena muestra de ello. Cuando se hizo la reforma el modernismo había pasado de moda, y empezaba a introducirse tímidamente el art déco, el novecentismo y el regionalismo en los hogares burgueses. Así en esta casa podemos encontrar: una fachada que podríamos calificar de novecentista; un vestíbulo y un despacho con los arrimaderos de azulejos sevillanos de brillos cobrizos y dorados, que podríamos adscribir al regionalismo; un patio trasero y una escalera que podríamos clasificar como modernistas; y unos dormitorios decorados en el moderno estilo art déco.  

Ménsula con forma masculina (Casa Matías Martínez-Lozano)
Obsérvese la similitud con una de las ménsulas de la Casa de las Contribuciones de Totana, obra atribuida por nosotros también a Víctor y Guillermo Beltrí

Curioso arranque de madera tallada de la escalera con forma de cabeza animal que nos recuerda a un lobo

Barandilla de la escalera, con un diseño geométrico que nos recuerda el modernismo sezession
En cuanto a la autoría de semejante despliegue cerámico, con muchas de sus piezas procedentes de las más destacadas fábricas de azulejos de Onda, Triana, y también de Cartagena, nos hace pensar que pudo ser obra del arquitecto Víctor Beltrí Roqueta, con la colaboración de su hijo, el aparejador Guillermo Beltrí Villaseca (mi abuelo). Este último, recién terminados sus estudios, había estado trabajando con su padre en diversas obras importantes en Cartagena, como el Asilo de Ancianos o la Casa de Misericordia, y había abandonado esta ciudad para, tras una estancia de un par de años en Totana, ser nombrado aparejador municipal de la ciudad de Murcia en 1929.




Azulejos de la Casa de Matías Martínez Lozano (Lorquí)

Azulejos del zaguán de la Casa Zapata (Cartagena)
Es más que probable que Matías Martínez-Lozano le encargara la reforma y modernización de la vivienda que había adquirido, y que este contara para ello con su padre, pues hay ciertos detalles constructivos en la casa característicos de Víctor Beltrí. Además hemos encontramos diversas coincidencias con otras obras del arquitecto, entre las que podemos mencionar la Casa Zapata (Cartagena); las escuelas de la Casa de Misericordia (Cartagena); la Casa Melgares (Bullas) o la Casa de las Contribuciones (Totana), que no hacen sino confirmar nuestra hipótesis. 

Por último no puedo dejar de mencionar, sin cierta nostalgia y emoción, que en el patio trasero de esta casa descubrí trozos de azulejos idénticos a los que había en el pozo recubierto de trencadís del Hotelito Azul de Los Urrutias, la casa de mi abuelo Guillermo, proyectada por su padre Víctor en la que pasé los inolvidables veranos de mi infancia, azulejos que ya entonces me fascinaban. 

Despliegue de trencadís en el patio trasero de la vivienda



El modelo central es idéntico a uno que había en el pozo del Hotelito Azul, residencia veraniega de Guillermo Beltrí Villaseca (Los Urrutias-Cartagena)
Muy interesantes también son la decoración interior original en estilo art déco que puede observarse en las paredes y techos, incluyendo molduras y pinturas que todavía se conservan, así como los suelos.



Originalísima cenefa pintada de uno de los dormitorios en estilo art déco

Algunos de los suelos hidráulicos con motivos geométricos

La familia Martínez hizo una gran fortuna con los negocios de la fabricación y venta de pimentón y conservas vegetales. El fundador de la saga fue Francisco Martínez Lozano, oriundo de Molina de Segura, que estaba casado con Pascuala Carbonell Núñez. Ambos se trasladaron a Lorquí en 1877, y en esta localidad empieza a realizar a la molienda del pimiento seco para pimentón, construyendo un molino, y creando sus propias marcas comerciales "Titán" y "La Carreta".

En 1925 se introdujo en el mercado de Estado Unidos de la mano de uno de sus hijos, Evaristo Martínez Carbonell, que no dudó en trasladarse a este país en donde tuvo un gran éxito de ventas. Al parecer este se debió, más que a otra cosa, a la excelente presentación de sus productos, envasados en vez de en sacos, en artísticos envases de latón cuyas litografías atrajeron poderosamente la atención del público americano. 

Francisco Martínez Lozano falleció en 1927 dejando a tres de sus hijos: Matías (que fue al único al que el padre permitió unir los apellidos Martínez y Lozano en uno sólo), Francisco y Evaristo, la producción y venta de la marca de pimentón y conservas vegetales "Titán", mientras que la marca "La Carreta" pasó a ser propiedad de su otro hijo Eduardo.

Evaristo volvió a viajar en barco a Estados Unidos en agosto de 1928, y allí debió de ver el primer cortometraje protagonizado por Mickey Mouse, "Steamboat Willie", estrenado en  noviembre de ese mismo año, lo que les dio una excelente idea comercial a los hermanos Martínez.

Así, en 1933 la Oficina de la Propiedad Industrial de Berna (Suiza) le concedió a Matías Martínez Carbonell, el registro de la marca "Mickey" así como de una figura de un ratón antropomorfo de grandes orejas, obviamente inspirado en el de Disney, de forma que cuando esta compañía solicitó en 1935 el registro de "un dibujo industrial para caricaturas grotescas de un ratón", se encontró con que no podía hacerlo en la categoría de especias, ni en la de conservas vegetales, o de frutas, porque los industriales de Lorquí se le habían adelantado, de forma que Disney se tuvo que aguantar y los Martínez siguieron vendiendo latas de pimentón y de melocotón "Mickey", además del resto de sus marcas.

Quisiera dar las gracias al Excmo. Ayuntamiento de Lorquí por las facilidades dadas para la visita a este edificio, así como a Emilio Marco y José Antonio Rodríguez por sus aportaciones y fotografías, sin las que esta publicación no hubiese sido posible.

FUENTES