jueves, 13 de marzo de 2025

173.- HOTELITO AZUL - Primera línea de playa. Los Urrutias - Cartagena.

Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Tal vez uno de los últimos edificios donde intervino el arquitecto Víctor Beltrí antes de su fallecimiento, fue el llamado "
Hotelito Azul" en Los Urrutias, localidad costera del Mar Menor perteneciente al municipio de Cartagena. Le llamaban así porque todos sus detalles: persianas, puertas, barandillas y vallas, estaban pintadas de un color azul, que contrastaba vivamente con el blanco de las paredes.
Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator)
Se trata de la casa del hijo del arquitecto, Guillermo Beltrí Villaseca, que construyó como lugar de veraneo para su familia. Guillermo era aparejador y había trabajado con su padre en diferentes obras. Según testimonio oral de uno de sus hijos, el también aparejador Guillermo Beltrí Carreño, su padre le relató que había construido este hotelito basándose en unos planos que el arquitecto le había dibujado poco tiempo antes de morir. Al parecer las obras comenzaron en 1934, y finalizaron un año después.

La obra guardaba una gran semejanza con algunas de sus últimas creaciones. Concretamente el salón circular de la planta baja es muy parecido al mirador circular del primer piso de la "Casa de los Cachá" de Lorca (1929), o al Club de Tenis de Cartagena (1925), y las barandillas de tubo de las terrazas superiores, ya las había utilizado en esta misma obra o en la "Casa de Teófilo Álvarez" (1932) en Cartagena. El conjunto también guarda semejanza con el proyecto que Víctor Beltrí realizó en 1933 para Carmen, otra de sus hijas.

El edificio era sumamente avanzado y moderno para su tiempo, y causaba admiración de propios y extraños, pues estaba plenamente inmerso en la nueva corriente art-déco. Este término define un estilo en el que el juego de los volúmenes geométricos y la sencillez de líneas juega un papel fundamental en la nueva arquitectura, que en cierto modo regresa al modernismo. 

Tuvo dos principales ramas: el zig-zag, estilo en el que imperaban los rayos y las líneas quebradas y zigzageantes, y que fue el que empleó en Cartagena el arquitecto Lorenzo Ros, y el streamlinetambién llamado en español estilo aerodinámico o aerodinamismo. Este último fue una variante tardía que tuvo su apogeo en el año 1937 y su influencia se extendió hasta los años 50 del pasado siglo. Esta variante se caracterizaba por el uso de formas curvas, líneas horizontales largas y a veces elementos náuticos, como barandas y ventanas de portillo, dando como resultado edificios futuristas que a menudo recordaban a trasatlánticos.

A la izquierda la Casa Butler. A la derecha la Casa Michael Scott
Alguno de los edificios más importantes de esta corriente son contemporáneos de esta obra. Resulta sorprendente que casas como la australiana Burnham Beeches (1933-1934) de Harry Norris, la estadounidense Casa Butler (1934-1936) de Kraetsch & Kraetsch o la irlandesa Casa Michael Scott (1937-1938) del propio Scott, consideradas obras maestras de esta corriente y coetáneas de esta obra, presenten tanta similitud en sus formas con el "Hotelito Azul". Con esta obra Beltrí demuestra, una vez más, que estaba siempre al día incluso a pesar de su avanzada edad, pues cuando proyectó esta obra ya tenía 73 años.

Además del jugar con los volúmenes, el arquitecto jugó con el bricromismo blanco y azul que era el color predominante en las persianas y verja de madera de la terraza de la planta baja, así como en los ventanales del salón que eran en su parte superior de tipo damero, en los que se alternaban los cristales blancos y azules, y que todavía se conservan. Por su parte el pozo de agua salada, del que apenas quedan vestigios, estaba revestido de un trencadís de vívidos colores al que tan aficionado era Beltrí. En el interior de la vivienda abundaban los azulejos de diferentes formas y colores, mayoritariamente con diseños geométricos. 

La distribución interior era práctica y simple. En la planta baja: salón-comedor, cuarto de baño, cocina, despensa y cuarto de servicio, y en la superior, a la que se accedía desde el comedor por una escalera cuya barandilla estaba formada por tubos metálicos verticales que llegaban hasta el techo, estaban los cuatro dormitorios de la familia.

Combinación de cristales azules y blancos del mirador
Azulejos originales

Restos del pozo de trencadís
En los años cuarenta del siglo pasado Guillermo decidió sustituir las barandillas de tubos metálicos de las terrazas superiores, ya que no resistían la corrosión marina y además la separación que había entre los barrotes constituía un peligro para los niños. Además se construyó un tejado a cuatro aguas, ya que el original era plano y tal vez diera algún problema durante los escasos, pero a menudo torrenciales, periodos de lluvia que suelen acaecer esporádicamente en el Mar Menor.

Aspecto tras la primera reforma, en la que se sustituyeron los tubos de las terrazas superiores y se construyó un tejado a cuatro aguas (Archivo: Familia Beltri)
En la década de los sesenta, Guillermo amplió la parcela para construir una cochera y un lavadero independientes del edificio principal, al que también se le adosaron cuatro apartamentos para algunos de sus hijos casados, que desvirtuaron completamente el conjunto. Así es como yo la conocí, y donde pasé los inolvidables veranos de mi infancia junto con mis hermanos y mis numerosos primos, en un por entonces salvaje e idílico Mar Menor.

Fotografía de 1984 en la que se puede observar el aspecto que tenía tras la última reforma realizada por Guillermo Beltrí, en la que añadió cuatro pequeños apartamentos, así como cochera y lavadero
En 1973, y ante la falta de espacio para todos sus hijos y nietos, Guillermo tomó la decisión de vender la propiedad, que desde entonces ha conocido varios propietarios, que con los años realizaron diversas reformas que, además de cambiarle los colores originales, le dejaron prácticamente irreconocible.

Aspecto a principios del siglo XXI. Casi irreconocible.
Aspecto reciente tras la última reforma
A continuación una breve reseña biográfica de mi abuelo Guillermo Beltrí Villaseca [Cartagena, 1901 – Murcia, 1986]

Comenzó a cursar estudios en la Escuela Superior de Industria en Cartagena, para luego pasar a la Escuela Industrial de Valencia donde completó la carrera de Aparejador, título que obtuvo en abril de 1925.

Pronto consigue el puesto de Aparejador Municipal provisional de Cartagena, desde donde colabora con los dos arquitectos municipales, Lorenzo Ros, y Víctor Beltrí Roqueta, su padre, en las obras que éste realiza desde el consistorio (“Asilo de Ancianos”, “Casa de Misericordia”, “Parque Torres”...), y también en otras de carácter particular, como la reforma del “Huerto Ruano” en Lorca.

Tras la finalización del mandato del alcalde Alfonso Torres, Guillermo que se había casado recientemente con Mª Dolores Carreño García, se traslada junto a su mujer a Totana para trabajar en las obras del Ferrocarril, hasta que en 1929 se instala en Murcia, al haber obteniddo la plaza de Aparejador Municipal de esta ciudad. De esta época son, entre otras obras, el "Huerto de la Torreta", realizado en esta localidad sobre proyecto de su padre.

Desde su nuevo cargo interviene en numerosísimas obras en Murcia y sus pedanías, colaborando frecuentemente tanto con su padre, como con otros importantes arquitectos, tales como Pedro Cerdán (reforma del “Mercado de Verónicas”). 

Gran experto en cálculos del hormigón, su fama se extendió dentro de la profesión por toda España. Fue muy señalada su intervención en la construcción del nuevo estadio del Real Madrid en Chamartín, así como en la del anfiteatro del “Cinema Coy” de Murcia.

También fue Jefe del Parque de Bomberos del Ayuntamiento de Murcia durante más de cuarenta años, así como fundador del Colegio Oficial de Aparejadores de Murcia, del que ostentaba el honor de ser el colegiado número 1, y del que llegó a ser su Presidente durante cuatro legislaturas, formando parte del equipo directivo durante más de 30 años. Estaba en posesión de la Cruz al Mérito Naval por su arriesgada intervención al sofocar en 1969 un terrible incendio en la refinería de petróleo de Escombreras. 

Fue una gran persona, siendo muy apreciado y querido en Murcia, y también un magnífico abuelo del que guardo muy gratos recuerdos.