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Fotografía: Archivo Familia Beltri Carreño (coloreada con hotpot.aiart-generator) |
El edificio era sumamente avanzado y moderno para su tiempo, y causaba admiración de propios y extraños, pues estaba plenamente inmerso en la nueva corriente art-déco. Este término define un estilo en el que el juego de los volúmenes geométricos y la sencillez de líneas juega un papel fundamental en la nueva arquitectura, que en cierto modo regresa al modernismo.
Tuvo dos principales ramas: el zig-zag, estilo en el que imperaban los rayos y las líneas quebradas y zigzageantes, y que fue el que empleó en Cartagena el arquitecto Lorenzo Ros, y el streamline, también llamado en español estilo aerodinámico o aerodinamismo. Este último fue una variante tardía que tuvo su apogeo en el año 1937 y su influencia se extendió hasta los años 50 del pasado siglo. Esta variante se caracterizaba por el uso de formas curvas, líneas horizontales largas y a veces elementos náuticos, como barandas y ventanas de portillo, dando como resultado edificios futuristas que a menudo recordaban a trasatlánticos.
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A la izquierda la Casa Butler. A la derecha la Casa Michael Scott |
Además del jugar con los volúmenes, el arquitecto jugó con el bricromismo blanco y azul que era el color predominante en las persianas y verja de madera de la terraza de la planta baja, así como en los ventanales del salón que eran en su parte superior de tipo damero, en los que se alternaban los cristales blancos y azules, y que todavía se conservan. Por su parte el pozo de agua salada, del que apenas quedan vestigios, estaba revestido de un trencadís de vívidos colores al que tan aficionado era Beltrí. En el interior de la vivienda abundaban los azulejos de diferentes formas y colores, mayoritariamente con diseños geométricos.
La distribución interior era práctica y simple. En la planta baja: salón-comedor, cuarto de baño, cocina, despensa y cuarto de servicio, y en la superior, a la que se accedía desde el comedor por una escalera cuya barandilla estaba formada por tubos metálicos verticales que llegaban hasta el techo, estaban los cuatro dormitorios de la familia.
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Azulejos originales |
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Restos del pozo de trencadís |
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Aspecto tras la primera reforma, en la que se sustituyeron los tubos de las terrazas superiores y se construyó un tejado a cuatro aguas (Archivo: Familia Beltri) |
Fotografía de 1984 en la que se puede observar el aspecto que tenía tras la última reforma realizada por Guillermo Beltrí, en la que añadió cuatro pequeños apartamentos, así como cochera y lavadero |
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Aspecto a principios del siglo XXI. Casi irreconocible. |
Comenzó a cursar estudios en la Escuela Superior de Industria en Cartagena, para luego pasar a la Escuela Industrial de Valencia donde completó la carrera de Aparejador, título que obtuvo en abril de 1925.
Pronto consigue el puesto de Aparejador Municipal provisional de Cartagena, desde donde colabora con los dos arquitectos municipales, Lorenzo Ros, y Víctor Beltrí Roqueta, su padre, en las obras que éste realiza desde el consistorio (“Asilo de Ancianos”, “Casa de Misericordia”, “Parque Torres”...), y también en otras de carácter particular, como la reforma del “Huerto Ruano” en Lorca.
Tras la finalización del mandato del alcalde Alfonso Torres, Guillermo que se había casado recientemente con Mª Dolores Carreño García, se traslada junto a su mujer a Totana para trabajar en las obras del Ferrocarril, hasta que en 1929 se instala en Murcia, al haber obteniddo la plaza de Aparejador Municipal de esta ciudad. De esta época son, entre otras obras, el "Huerto de la Torreta", realizado en esta localidad sobre proyecto de su padre.
Desde su nuevo cargo interviene en numerosísimas obras en Murcia y sus pedanías, colaborando frecuentemente tanto con su padre, como con otros importantes arquitectos, tales como Pedro Cerdán (reforma del “Mercado de Verónicas”).
Gran experto en cálculos del hormigón, su fama se extendió dentro de la profesión por toda España. Fue muy señalada su intervención en la construcción del nuevo estadio del Real Madrid en Chamartín, así como en la del anfiteatro del “Cinema Coy” de Murcia.
También fue Jefe del Parque de Bomberos del Ayuntamiento de Murcia durante más de cuarenta años, así como fundador del Colegio Oficial de Aparejadores de Murcia, del que ostentaba el honor de ser el colegiado número 1, y del que llegó a ser su Presidente durante cuatro legislaturas, formando parte del equipo directivo durante más de 30 años. Estaba en posesión de la Cruz al Mérito Naval por su arriesgada intervención al sofocar en 1969 un terrible incendio en la refinería de petróleo de Escombreras.
Fue una gran persona, siendo muy apreciado y querido en Murcia, y también un magnífico abuelo del que guardo muy gratos recuerdos.